Divina noche para ustedes.
Esta es la primera sesión de la serie que se titula De la resurrección a la asunción para gloriarnos y girar desde la resurrección, Pentecostés, la ascensión. empezando con la gran fecha para nosotros que vivimos en la divina voluntad, que es la resurrección del Señor.
Vamos a vivir estos momentos de la pluma de María Valtorta, pero habrán temáticas que nos llevan a revisar lo que el Señor dice en libro de cielo, ¿verdad? Porque estamos claros que el objetivo de María Valtorta es para destacar la humanidad del Señor. María Valtorta es una laica que el Señor escogió, italiana también y que vivió de los últimos años, compartió con con Luisa. Eh, María Valtorta es una joven que vivió, digamos, más privilegiada que que Luisa y que era hija única, pero cuya madre eh probablemente, porque eso no no se no se conoce, probablemente una madre que había sufrido quizás mucho mucha violencia, porque la mamá era enormemente violenta con María Baltorta y que e al final el Señor le concede incluso a María Baltorta que la mamá se salve, ¿verdad? por todas las cosas que la mamá hacía y que para compensar tenía un papá que era militar y eso lo hacía a veces estar fuera de la casa, pero que era cariñoso con ella, ¿verdad? Eh, entonces María Valtorta eh tuvo estuvo también en cama, pero fue a secuelas de un trauma que sufrió en la columna. que en el lugar donde ella vivía sabían que era hija de militar y detestaban a los militares. Así que le dieron un barrillazo en su columna que terminó con el con los años eh dañándola y y poniéndola en la cama. Pero digamos que eh eso era también eh lo que el Señor quería con ella, ¿verdad? Eh, María Baltorta desarrolló varias habilidades que no todas las videntes han tenido y si ustedes se fijan es realmente un texto muy bueno para girar porque ella explica también que uno casi siente que está aspirando el olor de las flores que están por ahí, ¿verdad? Y cuando han revisado los textos de María Valtorta y los lunes, tenemos un ejemplo porque todo lo que analiza el padre Rosquini de nuestra madre es a partir de los textos de María Valtorta. Y el padre Rosquini precisamente no era uno de los que aceptaba María Valtorta, pero era de los que antes de opinar se ilustraba. Y entonces él decidió leer antes de seguir negando la importancia de María Baltorta y se dio cuenta de que no había nada contra la iglesia. es más, decidió visitarla y y sí tuvo tuvo nexos no frecuentes, pero sí sí eh la la logró conocer y ya después el padre Rosquini se quedó eh recopilando documentación a través de la persona que que trabajó como dama de compañía de María Baltorta. Hay personas que han hecho investigaciones porque María Baltorta describe, por ejemplo, varias ciudades que no se conocían, que da los nombres, la ubicación, eh, y cómo cómo vivían y han hecho exploraciones y excavaciones en esos sitios y han encontrado que realmente esas ciudades existían. O sea, que María Valtorta eh realmente es un escrito que es que es bastante fidedigno, ¿verdad? eh no tuvo la misma forma de escribirse que Luisa, porque en Luisa directamente el Señor le ponía en su alma lo que ella iba a escribir. De manera que Luisa realmente era la pluma del Señor. En María Baltorta el mecanismo fue otro, fueron visiones. El Señor la ponía allí, pero el Señor le dice a ella que tenía varios motivos para que María Valtorta pudiera eh escribir lo que estaba viendo. Y uno de ellos era para que realmente aprendiéramos quién fue Jesús. Y él como buen hijo dice que lo que más le importaba era que supiéramos quién era su madre también, ¿verdad? Entonces, eh cada prácticamente cuando hay un evento de mucha trascendencia, el Señor cuando María va al Torta escribe, el Señor también da su comentario. Por ejemplo, acá de la resurrección vamos a encontrar que en uno de estas lecturas que vamos a tener, el Señor explica todo sobre su resurrección, o sea, reafirma lo que María Baltorta ha escrito. Y cuando hay un dato que no coincide con todo lo que sabemos, por ejemplo, hoy que esta semana estuvimos en silencio y ustedes revisaron, se dieron cuenta que el último escrito de alma ayúdame era la explicación del sorbo de agua, porque eso no está consignado en la Biblia y tampoco creíamos que el Señor había tomado algo mientras estuvo camino. no al calvario, pero él se encarga de aclararlo. Entonces, eso es lo interesante en María Baltorta también, que el Señor reafirma y además el Señor le va diciendo el orden en que tiene que poner los escritos. Él le dice, "Este debe de ir detrás del número dos que vamos a leer ahorita, por ejemplo, ¿verdad? No, no digo que que así está pasando aquí, pero el Señor en todos él determinaba el sitio donde debería de estar cada escrito. O si no le decía, "Esto que escribiste en tal día, cambialo de lugar y lo vas a poner detrás de este otro que te estoy diciendo ahora, ¿verdad? El orden que lleva el documento es el orden que el Señor le iba diciendo a María Baltorta. Ahora no tiene ella un franco ni loftat ni un franco imprimature. Porque el obispo que lo hizo, que era un obispo canadiense que vivía en Italia, él sabía todo lo que había en contra de María Baltorta y entonces él dio un nilovoftad razonado, digamos. Entonces, no es que solo aparece como en los escritos que ustedes ven, el doctor Tomasini dice ni loftad del sacerdote o del obispo tal imprimaturispo tal, sino que él da el nilovtat, este sacerdote canadiense, pero lo hace tan razonado que que es más un razonamiento que solo poner la firma, ¿verdad? Y es y esto se debe a que eh e igual con Luisa, me imagino yo, el Señor expresó mucho la situación de la clase sacerdotal y eso a veces no no es muy no es muy bien visto, ¿verdad? y eso va haciendo que las cosas se vayan alejando. Y lo otro también es que al maligno no le conviene y aparecen obstáculos por todos lados porque si han encontrado lugares eh si no hay eh un dato en contra y no y no autorizan es porque es porque es con el escrit contra del escrito, porque tanto Luisa como María Valtorta están enterradas en iglesias. María Baltorta está en una iglesia en Florencia y pues sabemos que Luisa está en el mismo coraton. Cuando hacen ese proceso de traslado del cuerpo de un cementerio a una iglesia, es todo un proceso dentro de la iglesia y no van a ir a a enterrar un hereje en una iglesia. Así es que digamos que por el no pueden decir nada en el lado de la vida de María Valtorta y y por eso ella eh está enterrada como no no es que esté en una cripta así como cualquiera que compra una cripta debajo de la iglesia, ¿verdad? que no importa quién sea, pero apagado eh en la en en la cripta debajo de la iglesia, ¿verdad? Si no tiene su tiene su tumba eh en forma. Entonces eh los sacerdotes que la acompañaron, que hubo uno que la acompañó eh la mayor parte de de su vida ya de de grande hasta que falleció que es el padre Meglorini. estuvo con ella, estuvo acompañándola siempre y ese sí fue como confesor, no como en Luisa, ¿verdad? Porque en Luisa el Señor era su guía, entonces no necesitaba eso. Más que todos los sacerdotes, el caso de Luisa, era porque eran como sensores diarios de lo que ella escribía, ¿verdad? Entonces, les iniciamos comentando eso para que eh tengan ustedes una idea de eh de qué está detrás de estos escritos. Por supuesto, el Señor y lo y lo dice, eh, quiere revelar a cada uno de las personas videntes lo que él cree necesario. Así es que si contrastamos eh Luisa en la parte de humanidad con María Valtorta, puede ser que hay y más bien dicho no es que pueda hacer, sino que sabemos porque los hemos encontrado. Mirta eh ha hecho cruces también y hemos encontrado situaciones que no que no coinciden, pero eso no le quita la veracidad general a las cosas y el Señor deja ver a cada quien lo que él quiere y enfatizar a cada quien lo que lo que él quiere. Y no podemos comparar, Luisa, con María Valtorta porque los objetivos son distintos. En María Baltorta, el Señor nos destaca su vida pública, su humanidad y claro que le menciona algunas cosas a María Valtorta que a nosotros nos brotan como luces, ¿verdad? Porque nos damos cuenta que son destellos de la divina voluntad que le está diciendo. Pero el objetivo de María Valtorta no es la divina voluntad. El objetivo es el describir la vida de Jesús y la vida de María, o sea, destacar la humanidad y aquellas cosas que no sabíamos. María Valtorta ha cruzado el evangelio y ustedes verán que casi siempre hay pies de páginas que hablan de de qué evangelio es o de qué capítulo del Antiguo Testamento se está tratando, ¿verdad? O sea, se han hecho, ¿cómo se llama esto? Yo le voy a decir cruces, pero tiene un eh cruces, no no de llevar cruz, sino que cruces de información, ¿verdad? Comparaciones eh que que no las tiene todavía el el libro de Luisa, pero que en la versión que va a publicar el Vaticano, en esa sí van a salir estos cruces que tiene María Valtorta, ¿verdad? donde donde se habla de qué salmo es o de qué capítulo o versículo de la Biblia, se trata lo que el Señor está diciendo para demostrar que la vida del Señor es el culmen de toda la palabra y de toda la relación que el Señor ha querido tener con la humanidad.
Entonces, eh vamos a comenzar leyendo qué estaba pasando en la madrugada de ese domingo, eh, en esas habitaciones donde estaba nuestra madre. Eh, la escena está realizada con la presencia de las mujeres y y quiero enfatizarles que la presencia de Marta y Magdalena esa solicitud de Jesús a su hermano Lázaro y que Lázaro no aparece en estas escenas también a solicitud de Jesús y Lázaro que casi llora cuando le dijo que no estuviera ahí. Porque el Señor le explicó a Lázaro lo que le iba a suceder a él, que lo iban a crucificar, que iba a ser dejado. Lázaro incluso le pide que eh bueno, Lázaro era el Bill Gates de aquellos tiempos, ni más ni menos. Él tenía territorio en enormidad de países y se sabe porque incluso hay una pareja que el Señor tuvo que sacar de Israel porque eh lo lo perseguían por ellos y fue Lázaro quien puso a disposición sus territorios en Antioquía y todo eso. O sea, eh el papá de Lázaro era un sirio multimillonario. La mitad de Jerusalén era de Lázaro, el cenáculo era de Lázaro. Entonces, eh Lázaro no estuvo allí porque él le pidió que su casa sirviera de refugio precisamente para los hombres. Y ya vamos a ver aquí el contraste de cómo se portaron los hombres y las mujeres. Y entonces Magdalena y Marta están allí porque Jesús pensaba en su mamá y que no estuviera sola en esos momentos y estuviera con las mujeres con las que ellos más confianza tenían. De ahí las demás juana, todas las romanas y todo, esas estaban también, pero esas llegaron por amor directo, ¿verdad? No quiero decir que Marta y Magdalena no, al contrario, eran eran las más cercanas, pero todas las mujeres estaban ahí por amor. Ya lo vamos a ver. Eh, entonces estaban ubicadas en una casa que era de Lázaro. El cenáculo, como les repito, también era territorio de de Lázaro. Así es que estaban bien protegidas, ¿verdad? Y y vamos a y vamos a comenzar con la lectura. Aquí la voy a ir poniendo. No sé quién quiere leerla. Si querés me ofrezco. Perfecto. Y nos vamos a ir deteniendo en ciertos momentos que encontremos palabras importantes y para comentar y todo eso, ¿verdad? Entonces, adelante, por favor. Alcira.
El alba de la Pascua, lamento, plegaria de la Virgen, escrito el 21 de febrero de 1944. Sigo viendo la habitación donde María llora. Está sentada en su silla, afligidísima, exhausta, desfigurada por tanto llorar. También las mujeres están a la luz de lámparas de aceite, preparan los aromas mezclándolos. Las mujeres en medio de lágrimas siguen trabajando. Magdalena es la que dijo esas palabras que hacen llorar fuertemente a todas las mujeres. La cara de Magdalena está enrojecida por el llanto. Cuando han terminado de preparar todo, se ponen los chales o mantos. También María se levanta, pero la rodean y le dicen que no debe ir. Sería muy cruel hacerle ver de nuevo a su hijo que ciertamente a estas horas del tercer día de muerto estará ya todo negro por la putrefacción. Además, ella está tan exhausta para poder caminar. No ha hecho más que llorar y orar. no ha comido nada ni descansado, que se quede tranquila y que confíe en ellas, que cual discípulas amorosas harán sus veces y brindarán al santo cuerpo todos los cuidados necesarios para una definitiva sepultura. María acepta al fin. Magdalena, arrodillada a sus pies, pero apoyada sobre sus calcañales, en su habital postura, le abraza las rodillas, la mira con sus ojos enrojecidos de llanto y le promete que transmitirá a Jesús todo el amor suyo mientras lo embalsamen. Ella sabe qué cosa es amor. Ha pasado del amor vergonzoso al amor santo por la misericordia que los hombres han matado. Sabe amar. Jesús se lo dijo aquella tarde, que fue el alba de su nueva vida, que sabe amar mucho, que se fíe de ella, de ella, que en aquella ocasión supo acariciar los pies de Jesús tan dulcemente. Ahora sabrá acariciar las heridas y perdón embalsamárselas más con su amor que con unentos para que la muerte no pueda hincar su diente en ese cuerpo que tanto amó y que también es amado. La voz de Magdalena está impregnada de pasión. Parece un tercio pelo que envolviese un órgano, pues su voz tiene esa tonalidad premiada de calor, de pasión. Se tiene la sensación de escuchar a un alma que se estremece, que ha sabido imprimir su deseo, que está destinada a amar. Y ahora que Jesús la ha salvado, sabe mostrar con inmensa fuerza su amor al amor divino. No olvidaré esta voz femenina, que es una confesión de su íntima sique. No la olvidaré jamás. Las mujeres salen llevando una lámpara. La casa está oscura y también el camino. Apenas una señal de luz allá en el lejano oriente. La luz fresca y pura de un amanecer avilenio. El camino está sumido en el silencio y soledad. Las mujeres envueltas en sus mantos sin hablar se dirigen al sepulcro de Jesús. Ella, ahora que está sola, se ha puesto nuevamente a orar de rodillas, teniendo ante sí el velo que está extendido contra la cara de una especie de cofre sostenido con clavos. María ora y habla a su hijo. Es siempre la misma aflicción mezclada con una esperanza de angustia. Jesús, Jesús, no vuelves todavía. Tu pobre madre no sufre más el pensar que estás muerto allá. Tú lo dijiste y nadie te comprendió, pero yo sí. Destruid el templo de Dios y yo lo reedificaré en tres días. Ha empezado el tercer día. Oh Jesús mío, no esperes que se termine para regresar a la vida, para regresar a tu mamá, que tiene necesidad de verte vivo para no morir recordándote muerto, que tiene necesidad de verte bello, triunfante, para no morir, recordándote en ese sepulcro en que te he dejado. Padre, padre, devuélveme a mi hijo, que lo vea regresar como hombre y no como un cadáver, como a rey y no como a un sentenciado. Después lo sé, él volverá a ti, al cielo. Pero lo habré visto curado de tanto mal. Lo habré visto fuerte después de su gran debilidad. Lo habré visto triunfante después de su gran lucha. Lo habré visto como a Dios después de que tanto sufrió por los hombres. Me sentiré feliz aún cuando no lo tenga cerca. Sabré que estará contigo, Padre Santo. Sabré que para siempre está fuera del dolor. Pero ahora no puedo. No puedo olvidar que está en el sepulcro. Está allí muerto por los dolores que le hicieron sufrir. Que él, mi hijo Dios, está sujeto a la suerte de los hombres en la oscuridad de un sepulcro. Él tu viviente. Padre, padre, escucha a tu sierva, porque sí, nunca te he pedido nada, porque siempre he obedecido tu voluntad, tu voluntad que es la mía. Nada debía exigirte por haber sacrificado mi voluntad a ti, Padre Santo. Pero ahora, ahora, por aquel sí que di al ángel mensajero, escúchame, oh Padre. Después de las crueldades que padeció por la mañana, sufrió aquella agonía de 3 horas y ahora está ya fuera del alcance del dolor. Pero yo hace tres días que estoy agonizando. Tú ves mi corazón y oyes su palpitar. Nuestro Jesús ha dicho que ningún pájaro pierde una pluma sin que tú no lo veas. Que no se marchita ninguna flor en el campo sin que no consuele su agonía con tu sol y tu rocío. Oh, Padre, muero de este dolor. Trátame como el pajarito que revistes de nuevo plumaje, como a la flor que refrescas. que calma su sed con tu piedad. Estoyerta del dolor, no tengo más sangre en las venas. Hubo un tiempo en que se convirtió en leche para alimentar a tu hijo y mío. Ahora es todo llanto porque no lo tengo más. Me lo han matado. Matado, padre, y tú sabes en qué forma. No tengo más sangre. La he derramado con él en la noche del jueves, en el terrible viernes. Tengo frío como el que se ha desangrando. No tengo más sol porque él está muerto. Mi santo sol, mi sol bendito, el sol nacido de mi seno para alegría de su mamá, para la salvación del mundo. No tengo más descanso porque no lo tengo más a él, que es la más dulce de las fuentes para su mamá, que bebía su palabra, que calmaba su seduar. Me muero. Me muero, Padre Santo. No tengo miedo a morir porque también porque también mi hijo ha muerto. Pero, ¿qué harán estos pequeños? La pequeña gray de mi hijo, tan débil, miedosa, volubre, si no hay quien la sostenga. No soy nada, padre, pero por deseos de mi hijo soy como un ejército armado. Defiendo, defenderé su doctrina. Su herencia como una loba defiende a sus lobesnos. Yo, cordera, seré una loba. para defender lo que es de mi hijo y por consiguiente lo que es tuyo. Tú lo has visto, Padre. Hace 8 días esta ciudad arrancó las ramas de sus olivares, de sus jardines. Sacó de sus casas a sus habitantes, que todos hasta enroquecer gritaron: "Hosana al hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor. Y mientras pasaba sobre alfombras de ramos, de vestidos, de tela, de flores, los habitantes se lo señalaban diciendo, "Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea, es el rey de Israel." Y cuando todavía no se habían secado esos ramos y las gargantas todavía estaban ro roncas de los hosanas, cambiaron sus gritos y se pusieron a acusar, a maldecir, a pedir su muerte. Y con las ramas que emplearon para el triunfo, hicieron garrotes para golpear al cordero que llevaron a la muerte. Si tanto han hecho cuando vivió entre ellos, les habló, les sonreía, los miraba con esos ojos que derriten el corazón y hasta las mismas piedras se sienten conmovidas. Les hacía bien, les enseñaba qué harán cuando él haya regresado a ti, tú has visto como se portaron sus discípulos. Uno lo traicionó, los otros huyeron. Fue suficiente que hubiera sido aprendido para que hubieran huído como ovejas cobardes y no supieron estar a su alrededor cuando moría. Uno solo, el más joven, se quedó. Ahora viene el anciano. Renegó de él cuando Jesús no esté más aquí a defenderlo. ¿Sabrá permanecer en la fe? Yo soy nada, pero hay un poco de mi hijo en mí y mi amor suple lo que falta y lo anula. De este modo me convierto en algo útil a la causa de tu hijo, a su Iglesia, que no encontrará jamás paz y que tiene necesidad de echar raíces profundas para que los vientos no la arranquen. Seré yo quien cuide de ella. Como hortelana dirigente, vigilaré para que crezca fuerte y derecha en su amanecer. Después no me preocupará el morir, pero no puedo vivir más si sigo sin Jesús. Padre, que has abandonado a tu hijo por el bien de los hombres, que después lo has consolado, porque ciertamente lo has aceptado en tu seno después de su muerte, pero no me dejes más en el abandono. Lo que sufro, lo ofrezco por el bien de los hombres, pero confórtame ahora, Padre. Padre, piedad, piedad, hijo mío, piedad. Espíritu divino, acuérdate de tu Virgen. Después, postrada contra el suelo, parece orar. Realmente es un ser destrozado. Se parece a esa flor muerta de sed de que habló. Ni siquiera advierte el sacudimiento de un terremoto breve que hace gritar y huir a los dueños de la casa. Mientras que Pedro y Juan, pálidos cual muertos, se arrastran hasta el umbral de la habitación. Al ver a la Virgen tan absorta en su oración, lejana de todo lo que nosa Dios, se retiran cerrando la puerta y espantados regresan al cenáculo. Gracias. Bueno, vamos a comentar este esta escena. Eh, si Alcira quiere decirnos algo antes de pasar a Mercedes. Es que es hermosísimo este cuadro, ¿no? La madre que sabiendo y esperando la resurrección de su hijo, siente el dolor de madre de ver a su hijo muerto y clama al padre y le dice realmente que ella nunca le pidió nada porque siempre vivió en la divina voluntad. Acá no lo dice así, pero lo digo yo. En ese momento si le hace la petición de que tenga misericordia de ella, que ella no puede vivir con ese hijo muerto. O sea, que ella aún sabiendo sabiendo que su hijo va a resucitar, no perdió la fe, tiene la esperanza, pero como madre sigue sufriendo y suplica al padre para que haga algo por ella y por su hijo. Que se lo regrese lo más rápido, ¿verdad? Bueno, oigamos qué nos dice Mercedes. A mí me llama mucho la atención estos estos dos últimos párrafitos, ¿verdad? Cuando empieza, "Yo soy nada, pero hay un poco de mi hijo en mí y mi amor suple lo que falta y lo anula." Entonces continúa, de este modo me convierto en algo útil a causa de tu hijo, a su iglesia que no encontrará jamás paz y que tiene necesidad de echar raíces profundas para que los vientos no la arranquen. Seré yo quien cuide de ella. ¿Por qué me llama la atención estas palabras de la santísima Virgen aquí? Recordemos que el libro de cielo nos recuerda siempre yo soy nada, tú eres todo, ¿verdad? Y nosotros los que queremos llegar a vivir esto, pues también decimos eso muy seguido, ¿verdad? Y también podemos decir como la Virgen, ay madrecita, pero es que yo también tengo un poco de tu santísimo hijo en mí, ¿verdad? Entonces, ¿cómo habla del amor? que también me llama mucho la atención, pero más me llama la atención también lo que dice después, porque está hablando de que la iglesia no encontrará jamás paz porque tiene necesidad de echar raíces profundas para que los vientos no la arranquen. No sé cuántos de ustedes han tenido la oportunidad de leer el libro del padre Wobi. Y sí, eh, yo no lo tengo nada más que en la compu, no lo tengo en físico. Me lo pensaron una vez en físico y tuve la oportunidad de leer varias cosas. Y una de las cosas que llama la atención en esa revelación tan querida y aprobada por la iglesia y que la leen muchísimo sacerdote es precisamente que en los momentos más difíciles de la iglesia nuestra santísima madre es la que va a estar ahí. Ella es la que va a llevar el portaestandarte. Ella va a llevar a la iglesia de su hijo a a a lo máximo, a lo que que lo que el Señor siempre quiso. Y me llama la atención esto que dice aquí, porque ciertamente nuestra madre es la que está llevando la iglesia, no es nadie más. O sea, la verdadera iglesia que somos todos los que queremos, vamos, queremos vivir y cumplir la voluntad de Dios. Porque hay que decirlo así. Aquellos que conocen esto y aquellos que aunque no lo conozcan tienen el deseo en su alma, en su corazón, ¿verdad?, de cumplir con lo que con lo que nuestro Señor Jesucristo estableció. Entonces, también es muy bonito lo que dice después, porque como hortelana diligente vigilaré para que crezca fuerte y derecha en su amanecer. Después no me preocupará el morir. También nosotros los hijos de la divina voluntad no tenemos que preocuparnos para nada en el morir. Al contrario, qué alegría, Señor, porque me voy a encontrar contigo, ¿verdad? Y después, ¿cómo habla de en el siguiente parrafito? Sigue hablando de del de del sentirse abandonado, ¿verdad? que dice, le dice al padre, "Oh, que has abandonado a tu hijo." Nos recuerda las palabras de Jesús en la cruz. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Verdad? Qué curioso que le dice esto al Padre. Y después ciertamente está hablando de que lo ha aceptado en su seno después de su muerte. Más no me dejes a mí en el abandono. Cuántos nosotros también en nuestra vida no hemos dicho así, Señor, no me dejes abandonada, no me dejes sola, no me dejes, porque no sé, o sea, las palabras de la Virgen son muy parecidas a las palabras que cualquiera de nosotros podía decir en este aspecto. Y es hermoso, ¿verdad? Porque cómo cómo nuestra santísima Virgen, nuestra madre se se identifica tanto con el mismo sentir de todos y cada uno de sus hijos, porque ella sabía perfectamente por lo mismo que iba a pasar la iglesia. Y y a mí eso me me llama muchísimo la atención y me corroora también, me recuerda mucho ciertas cosas que leí con con esa revelación del del padre Bobi y ciertamente como que todo como no sé aquellos de ustedes que hayan leído revelaciones y cosas antes de santos, antes de de conocer la divina voluntad, pero a mí todo como que me encaja como si fuera rompecabezas que tú estás tratando de al mar y que las piezas van cayendo en su lugar. Yo lo veo así y cuando leo estas cosas más me convenzo y no tenía por qué convencerme. Bueno, porque ya yo estoy convencida hace tiempo, o sea, yo estoy convertida, vamos, y no me atrevo este te reafirma. Exacto. Yo me reafirmo una y otra vez. Este, pero al conocer libro de cielo y al conocer los escritos de María Baltorta, para mí es como, ay, no sé, como que se abrió, se abrió el cielo completamente y se unió el cielo y la tierra y y ahora todo me da sentido. Antes como que tenía las cosas como que, okay, por pedacito, pero cómo lo lo uno todo y y ahora sí lo veo. Hermoso, de verdad, hermoso. Gracias por esto. Gracias, Mercedes. Ciertamente, ¿verdad? Vemos en la madre la confianza con Dios Padre para abrirle su corazón y su alma y reclamarle, decirle lo que realmente ella está pensando. O sea, nos muestra que en divina voluntad no se pierde la personalidad, ¿verdad? sino que eh se sigue siendo uno, solo que con el uno, de tal manera que ese esa plática, esta oración que ella presenta y que fue tan poderosa porque tuvo resultado y nos enseña cómo expresarnos con Dios sin andar eh con muchas cosas. solo abriendo el alma y expresarle lo que lo que se siente. Pero partiendo del plan de Dios, él le dice, ¿verdad? Ella le dice lo que Dios quiere que suceda, le dice todo lo que hizo y algo que a mí me llamó la atención y que le dice, "Nunca te he pedido nada para mí. Siempre te he obedecido, siempre he estado yo eh allí como quien dice, "Y siempre seguiré al pie del cañón", digamos, porque ella incluso acepta y aquí confirma su rol. Sí. Y en este momento está hablando de la iglesia naciente, está hablando de los apóstoles y y cómo lo re, pero como dice Mercedes, es tal que si vemos en el día uno de la reina del cielo, ella define sus roles con sus hijos que van para la divina voluntad y ella dice, "Seré maestra, seré modelo. Así es. Seré madre. Hay una partecita ahí que lo dice, pues si tu voluntad siempre ha sido mi voluntad. Sí, también, ¿verdad? O sea, eh ella, vamos entendiendo como dice Mercedes, ¿verdad? O sea, juntar estos escritos nos no nos completa eh la figura. Y ese fue el objetivo del Señor de hacer que María Baltorta tuviera esta visión. O sea, aquellos que que en aquel tiempo leyeron el caballo de Troya, María Valtorta no pudo ser mejor porque ella estuvo allí y hablaba, no solo veía, sino que hablaba, interactuaba, recibía las instrucciones del Señor. irta. Hay tantas cosas en esta lectura que podemos que son como tan congruentes con la divina voluntad, ¿verdad? Por ejemplo, así mientras iba leyendo Alcira, pues me venía a la mente unas cuantas unas cuantas cosas. Por ejemplo, eh que el alma se siente morir cuando cuando no siente a Jesús cerca, como Luisa tantas veces decía, "Me siento morir, no no vivo porque no lo tengo y lo busco y lo busco y no lo encuentro." Pues así se sentía María en ese momento también, ¿verdad? Eh, ella sabía que él iba a resucitar, que iba a ascender a los cielos y todo eso, ¿verdad? O sea, tenía la ciencia infusa. Sí. Y sabemos nosotros que desde desde el mismo momento de de su de su concepción se le fue dado esa esa ese don, ¿verdad?, ese regalo que nunca hizo su voluntad, como estaba diciendo eh Mercedes, ella renunció a hacer su voluntad. Para nosotros lo sabemos, pero con más con más fuerza, porque en el libro del cielo lo dice de así mismo, tal cual yo renuncié a mi, perdón, en la en la reina del cielo, en los en los pasos, en el quinto, no me acuerdo exactamente cuál paso, que seguramente lo vamos a revisar o otra cosa, el sol divino, o sea, ella tenía el sol divino dentro de ella, ese sol bendito, ¿sí? que nació aquí en la tierra, en el vientre de ella, eh fundida en la divina voluntad, que ese ese pedacito último que es tan precioso, que dice tan absorta en su oración, o sea, hubo un temblor y ella ni se inmutó la inmutabilidad ahí es otra es otra cosa. O sea, está olvidada, lejana de todo lo que no es Dios. Eso es lo que sucede con el alma, que llegue a vivir en ese divino querer. Se puede caer el mundo y esa alma está absorta en Dios. No le importa nada, nada más que Dios. No le importa nada más. Eh, sí, eso fue más o menos las las cosas que iban llegando a mi mente mientras escuchaba. Y eso de que no pide nada para ella. Ah. Exacto. Eso era lo lo que se me quedaba, que al Y la otra y la otra es esta, mira que dice que ella, "Mi dolor lo entrego para mi dolor lo entrego para los hombres. Quiero ver por dónde es que está esa es otra también." O sea, que la súplica universal, ¿verdad? que no hay persona personal, aunque pues acá ella como madre hace uso de de ese privilegio que tiene, pero también pone adelante lo que ella ha hecho, ¿verdad? y lo que y lo que soportó su hijo y que a cambio de todo eso, aquí está, lo que sufro lo ofrezco por el bien de los hombres. Ahora también Lupita, yo creo que ella estaba comprometiendo al Padre Celestial también porque como ella lo sabía que él iba a resucitar, que ella lo iba a volver a ver, pues ella se diabas queriendo que eh que que llegara ante este tiempo. Sí, estoy comprometiéndote como Jesús en en el en el Padre Nuestro, ¿verdad? Venga tu reino. Era un estaba comprometiendo al Padre porque eso es un decreto divino. Es precioso. Sí. Y entonces María en dos ocasiones tiene oraciones al Padre pidiendo tres tres veces que yo que ahorita que me acuerdo en mi cuenta son tres, puede ser que hayan más en las que por súplica ella acelera los tiempos. Una fue el nacimiento de Jesús. Y esa es una de las razones por la que los fariseos eh no no le aceptaban porque las cuentas que se habían dicho desde Daniel, ya no me acuerdo cómo es que se dice, 40 semanas de 7 semanas, algo así, las cuentas las cuentas que Daniel había hecho eran para que el Señor naciera. un un tiempo después del que nació, pero fueron tantas las plegarias de María, porque ni los profetas, ni los eh como Abraham, Moisés, los grandes hombres juntos habían logrado hacer todos los actos y todas las súplicas que eran requeridas para que viniera. el Mesías. Entonces ella se dedicaba a orar, orar, orar. Que tal que así es que le encuentra el arcángel Gabriel cuando llega, ¿verdad? Esa es una. La segunda en las bodas de Cana, porque cuando ella pide un milagro, está acelerando que el hijo entre a la vida pública y ella sabe qué es lo que está al final de la vida pública, ¿verdad? Y esta y esta es la tercera que vamos a a oír lo que dice Jesús cuando él explique todo esto en una de las sus siguientes lecturas. ¿Alguien más quiere comentar? Qué bonito eso que marcaste aquí en azul. Lo que sufro lo ofrezco por el bien de los hombres. Ciertamente cada una de nosotras también. lo que vivimos, lo que sufrimos, lo que padecimos, lo que sentimos en cada acto que que hacemos unidos, fusionados a esa voluntad divina, lo ofrecemos ciertamente como bien universal. Esto es parte de la labor que hace un alma que quiere llegar a vivir en la divina voluntad, exactamente lo mismo que hizo nuestra madre. Así que tomemos precisamente esta lectura y esto que nos está diciendo aquí en particular hoy como parte de nuestro giro, como parte de nuestra vida, porque ciertamente así es. O sea, que con esta lectura no podemos decir ni más ni menos que nuestra madre es es nuestra modelo porque ella ella lo hizo. Mariobi, gracias, Lupita. Pues yo algo muy sencillo y que me llamó poderosamente la atención porque dentro de la divina voluntad, porque ahí lo manifiesta de una manera preciosa nuestra madre, a la vez hace la distinción entre las tres divinas personas y unida la santísima trinidad, porque dice, "Padre, padre, piedad, piedad, hijo mío, piedad, Espíritu Santo." Esto es hacer la distinción entre las tres divinas personas y a la vez unida a la santísima trinidad, que es todo Dios. Entonces, eso me llamó poderosamente la atención porque ciertamente es como fluye en la divina voluntad mamá María, como ella ya sabe todo lo que va a pasar, pero se une al Padre, une a su voluntad, porque aquí mismo lo dice, ¿no? Eh, porque lo que lo abandonó, abandonó al hijo por el bien de los hombres. Entonces, es una adhesión a la voluntad divina total, plena. completa en sumida, en el dolor, asumiendo el dolor con toda la con toda la plenitud que se puede dar, ¿no?, en estos momentos, porque como madre, pues me imagino el dolor, no me imagino el dolor de verlo en la cruz. Sin embargo, unida a la Santísima Trinidad en la divina voluntad, haciendo la distinción entre las tres divinas personas, fluía claramente fluía nuestra madre o fluye ahí en en la divina voluntad de una manera extraordinariamente hermosa, ¿no? Y eso que que dices, este, trae cuenta esto otro que que la Virgen comenta, ¿verdad? El abandono del Padre. Dice ella que abandonaste a tu hijo por el bien de los hombres, que no dijo, abandonaste a tu hijo y al mío por el bien de los hombres, ¿verdad? Es tremendo esto, Leti. Coincido en en verdad en todo lo que habían comentado anteriormente, pero a mí también me da Perdona, Leti, ¿te puedes acercar un poquito? Sí, seguro que coincido en lo que en lo que habían mencionado anteriormente, pero a mí me llama también mucho la atención porque nosotros sabemos que la creación gime con dolores de parto y cuando está esta oración hay un sacudimiento de un terremoto breve que hace gritar y huir a los dueños de la casa. Es como que ahí mismo la creación misma acompañando a mamita María en esa en esa plegaria, en ese lamento y es hermoso. Bueno, tú sabes que ese terremoto es precisamente el momento de la resurrección. definitivo. Pero entonces también ahí es como que, wow, la misma creación te lo está diciendo todo, o sea, que es que es hermoso. Yo dije, bueno, si es que terremoto cuando murió, remoto, cuando resucita cuando cuando resucita. Entonces, también la misma creación te lo está diciendo, o sea, que que es hermoso eso. También sobesó de momento, me detuve ahí y yo dije, "Ah, sí, qué bello." Realmente, ¿verdad? Eh, la creación nos muestra aquí otra de las verdades que ahora conocemos, ¿verdad? Definitivamente de la creación. Bueno, ya ya se sabía desde los salmos porque dice que la creación expresa todo lo de Dios, pero ahora sabemos que lo que pone es para nosotros y para mostrarnos su amor y mostrarnos todos sus los sus atributos, ¿verdad? Así mismo, lindo eso. Gracias de ti, Gabriela. Bueno, a mí algo que que me sorprende es que muchas veces las personas nos dicen, las personas que no creen tan no creen en Dios o que sí creen, dicen que sí creen pero no creen, es que dice cómo cuando se quejan de qué Dios como el nuestro puede ser tan cruel que permite el dolor del ser humano, la muerte, enfermedad, el sufrimiento, ¿no? Y algunos incluso dicen la crueldad de Dios al someter a su hijo, a su propio hijo, a tantas eh dejaciones, tanto dolor, tanto sufrimiento, ¿no? Y ahí está la respuesta que podemos dar, porque yo muchas veces no sabía que decir, ¿no? Antes y ahora es es por tu bien, es por tu salvación, es por el bien de todos, por la salvación de todos. O sea, no es que lo permita, es sino que porque lo desee, ¿no? Porque no lo desea, lo permite. Pero finalmente ese dolor, esa muerte, ese sufrimiento es para el bien de todos, es para nuestra salvación. Porque finalmente, aunque las personas no lo sepan, eh, la persona que está sufriendo, que está viviendo una enfermedad muy muy dura, etcétera, todos ellos de alguna manera, aunque no lo sepan, todo ese sufrimiento está sirviendo como reparación para los pecados de todos. Y si ellas no lo saben, las personas que sí lo saben, eh, como nos han enseñado ahorita en Divina Voluntad, es ofreciendo eso, eso dolor, ese sufrimiento, esa enfermedad, etcétera, para la salvación de toda la familia humana, ¿no? Tal como lo hizo y lo dice aquí nuestra madre, ¿verdad? Sí, es para el bien de todos. O sea, tú te quejas de que nuestro Dios, yo diría, no, tú te quejas de que nuestro Dios es un Dios duro y cruel. Si lo está permitiendo para tu salvación, porque tú no crees en él, porque tú no estás eh eh obedeciendo lo que él quiere de ti o no le estás amando o no te estás acercando a él. Vaya. todo lo que lo que implica, ¿no? Creer en Dios. Sí, esa es una otra de las verdades divinas que no conocíamos, ¿verdad? Y estábamos casi creyendo de que hemos venido para ser felices y y con la proliferación de pare de sufrir con mayor razón, ¿verdad? Entonces hemos hemos llegado al extremo de la eutanasia en esa con esa con esa percepción. Entonces el que el que muere por no sufrir se quitó la posibilidad de haber disminuido su purgatorio y no lo sabíamos. Así que eso que tú mencionas es es trascendental, ¿verdad? Antes de pasar a la siguiente, voy a leer algunos de los mensajes, si me permiten, porque eh vi que vi que hay algunos. Permítanme ubicarme. Eh, María Cecilia dice, "Ella es la madre de nuestra iglesia, ella es nuestra redentora. En en momento que mi hijo murió, nos cuenta María Cecilia, pedí a nuestra madre y a nuestro padre, no me dejen sola. Ruega y ruega. E María Cecilia, nuestra madre nos da el ejemplo. Bendito sea. Marta Lucía dice, "Sabemos que la madre es la excelsa reina de este reino tan santo. Sin embargo, ella manifiesta esa parte humana de sufrir por un hijo, aunque dice que ofrece esos dolores por la humanidad." Mercedes dice, "Ella murió y resucitó con Jesús." Ciertamente Marta Lucía comenta, "Le recuerda al padre su fíat." Sí, dice, "Por ese sí", dice ella, ¿verdad? Ante el arcángel San Gabriel rogando que regresara sin heridas en su humanidad. que Jesús regresara sin heridas en su humanidad, tal cual nos enseña el cómo. Como dice Leti, comenta Marijobi, uniéndose la creación a nuestra madre y ambos, creación y madre en gemido de parto por los hijos al padre. Hermoso, Leti. Marta Lucía dice, "El comentario de Leti me recuerda cuando salieron por primera vez. Toda la naturaleza celebró esa salida y hasta las florecitas le hacían la venia. Completamente la creación sentía el dolor al unísono con la madre y reina de toda la creación." Mercedes. Eso que dice Gabriela es lo que dicen muchos ateos, solo por falta de conocimiento y amor a quien todo lo puede. Mirta, no entendemos el valor del sufrimiento porque no hemos echado raíces como dice la lectura. Bueno, ¿quién quiere seguir leyendo? Entramos a la resurrección. Perdón, mi Lupita. Ah, sí, Marta Lucí. Lo que pasa es que, bueno, hace días yo sentía eh que quería hacer una preguntica o o expresar algo. Ahorita fue que volví, me acordé de de esa parte. Eh, pero me refiero al momento en el que Jesús dice en una de sus palabras en la palabra que pide perdón, perdónalos porque no saben lo que hacen. Ahorita, por ejemplo, me me caí en cuenta en el en el comentario que hace aquí nuestra querida Mercedes, donde dices, "¿Se puede acercar Marta Lucía?" Ay, perdón. donde dice donde dice el comentario por falta de conocimiento, ¿no? Entonces, cuando él dice, "Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen." Ese perdónalos porque no saben lo que hacen, eh, obviamente se refiere a que no conocen, no tienen ni idea de lo que están haciendo, ¿cierto? de alguna manera igual, perdón, igual en este momento por el desconocimiento que hay de la divina voluntad se hacen muchísimas cosas contra la divinidad del Señor y de la santísima Virgen María. O sea, es el mismo motivo, es la misma razón. Perdónalos porque no saben lo que hacen. Es decir, porque no desconocen el plan de Dios. Exactamente. O sea, así como allá ayer aquí también hoy día aplica literal. Eh, algún día como que sentí eso y yo dije, "Uy, sí, completamente como como nos enseña en el acto único, ¿verdad? En un en una espiral. Es es un ciclo que se va que se va repitiendo. Por eso que la historia de la salvación todos tenemos nuestra huida de Egipto, nuestra salida de Egipto, nuestro paso del Mar Rojo, ¿verdad? Ciertamente. Sí, Marta Lucía. En el huerto todo es silencio y brillar de rocío. Después de haber olvidado su azul negro con presuentes de estrellas que por toda la noche han contemplado el mundo, el cielo va tomando los tintes de un zafiro más claro. El alba va empujando de oriente a occidente las ondas todavía obscuras, como la onda durante la marea alta que avanza siempre más cubriendo la obscura playa y sustituyendo el gris negro de la mojada arena de los arrecifes con el azul marino del agua. Alguna que otra estrella no quiere morir, aunque su parpadear es cada vez más débil bajo la onda de la luz blancoverdosa del alba, de un color gris lechoso, como la fronda de aquellos somnolientos olivos que coronan a a Montecillo poco lejano y luego naufraga sumergida por la onda del alba como tierra que el agua cubre, el cielo pierde sus ejércitos de estrellas y solo allá en las extremidades occidentales, tres, luego dos, finalmente una, se quedan a contemplar ese prodigio diario que es la aurora cuando surge. Y cuando un hilo de color rosa tira una línea sobre la seda de color turquesa del cielo oriental, un suspiro de viento pasa por la fronda por las hierbas, diciendo, "Despertaos, el día ha salido." Pero no, pero no despierta, sino la fronda y la hierba que se estremecen bajo sus diamantes de rocío y hacen un tenue movimiento acompañado de las melodías que las gotas dejan caer. Los pajarillos aún no se despiertan entre el tupido ramaje de un altísimo ciprés, que parece dominar como señor en su reino, ni en el seto vivo de laureles que defiende el sierso. Las guardias fastidiosa, los guardias fastidiados, perdón, temblando de frío, muriéndose de sueño, guardan el sepulcro en diversas actitudes. La puerta del sepulcro a su extremo ha sido reforzada con una gruesa capa de calese un contrafuerte. Sobre el color blanco opaco golpean las largas ramas del rosal como sobre el sello del templo. Seguramente que los guardias hicieron alguna fogata en la noche porque hay cenizas y tizones en el suelo. Habrán jugado y comido, pues todavía hay sobras de comida tiradas por el suelo y huesitos pulidos que usaron en su juego. modo de nuestro dominó o al infantil de las canicas sobre un tablero hecho en la vereda. Luego se cansaron, dejaron todo como estaba y buscaron dónde poder acomodarse para dormir o velar. En el cielo que tiene en el oriente una raya rosada que avanza hacia el firmamento sereno, donde todavía no hay ni un rayo de sol, se asoma viniendo de desconocidas profundidades. Un meteoro brillantísimo. Un meteor Ay, un meteoro. Ay, me perdí, perdón. brillantísimo que desciende cual bola de fuego de un resplandor inimaginable, seguido de una brillante estela, que tal vez no es más que la huella de su fulgor en nuestra retina. Desciende velocísima hacia la tierra, derramando una luz tan intensa que, pese a su belleza, infunde temor. La rosada luz de la aurora desaparece al contacto de esta blanquísima incandescencia. Los guardias levantan espantados sus cabezas porque junto con la luz llega un retumbo armónico, majestuoso que llena todo lo creado. Viene de las profundidades paradisíacas. Es el aleluya. Es el aleluya. La gloria angelical que sigue al espíritu de Jesús que vuelve a su cuerpo glorioso. El meteoro da contra la inútil cerradura del sepulcro. lo destruye, lo echa por tierra, esparce terror y fragor sobre los guardias, que habla que habían sido puestos de carceleros del dueño del universo. Y al pegar contra la tierra provoca un nuevo terremoto, como había sucedido cuando el espíritu del Señor salió de la tierra. Entra en la oscuridad del sepulcro que se ilumina con esa luz indescriptible. Y mientras permanece suspendida en el aire inmóvil, el espíritu vuelve a entrar en el cuerpo sin vida bajo los las fúnebres vendas. Todo esto no sucedió en un minuto, sino en fracción de minuto. El aparecer, descender, penetrar y desaparecer la luz de Dios ha sido velocísimo. El fiat del divino espíritu a su frío cuerpo no recibe contestación. El fiat lo dice la esencia a la materia muerta. Sin embargo, no se oye ni una palabra. La carne recibe la orden, obedece con un profundo respiro. No pasa más de un minuto. Bajo el sudario y la sábana, la carne gloriosa se transforma en una eterna belleza. Despierta del sueño de la muerte, vuelve de la nada en que estaba. El corazón se despierta, da el primer latido, empuja en las venas heladas sangre que quedó inmediatamente crea lo que lo que necesitan las arterias vacías, lo que necesitan los pulmones inmóviles, el cerebro. Lleva calor, salud, fuerzas, pensamiento. Un instante más y un movimiento repentino se sucede bajo la sábana. tan repentino que del instante en que él ciertamente mueve las manos cruzadas, al momento en que aparece de pie, imponente, brillantísimo, con un vestido de inmaterial materia, sobrenaturalmente hermoso y majestuoso, con esa solemnidad que lo cambia, lo eleva, siendo siempre el mismo. Apenas si el ojo humano tiene tiempo de captar los cambios y ahora lo admiro, tan diverso de lo que mi memoria me presenta, limpio, sin heridas ni sangre, despide luz de sus cinco llagas y brota también de cada poro de su piel. Cuando da el primer paso y al moverse los rayos que brotan de manos y pies le forman como aureola de luz, desde la cabeza con aureola de una corona que le hicieron las heridas de las que no brota sangre sino resplandor, hasta la orla del vestido, cuando al abrir sus brazos que tiene cruzados sobre el pecho, descubre una luminosidad vivísima que se trasluce por el vestido encendiéndole a la altura del corazón. Entonces, realmente es la luz que ha tomado cuerpo. No se trata de la pobre luz terrena, ni de la de los astros, ni de la del sol, sino de la de Dios. Todo el brillo paradisíaco se junta en un solo ser y le da su luz inimaginable por pupilas, su fuego de oro por cabellos, su candidez angelical por vestiduras y colorido, y lo que no puede describir la palabra humana, el inmenso ardor de la santísima trinidad que anula con su potencia abrazadora cualquier fuego del paraíso absorbiéndolo. en sí para engendrarlo de nuevo en cada instante del tiempo eterno. Corazón del cielo que atrae y difunde su sangre, las incontables gotas de su sangre incorporea los bienaventurados, los ángeles, todo cuanto es el paraíso, el amor de Dios, el amor de él, lo que forma al Jesús resucitado, todo es luz. Sí, sí, sí. Vamos a comentar esta escena, ¿verdad? Bella, girando, imaginando que no vemos nada porque todo es luz ahí como lo tiene en la parte trasera de su pantalla. Marta Lucía. Sí, todo luz, ¿eh? Solo se ve el hueco y qué hay adentro. Nada más que luz. Nada más que ¿Qué nos puedes comentar, Marijov? Wow. Es que lo iba leyendo y desde el momento en que dices que se describe que se aparece un cometa, cómo va llegando, cómo hace luz y cómo la eh describe la línea rosa, ¿no? Y todo. Y así va a ser en su segunda avenida y con más profundidad, o sea, con más extraordinaria belleza, o sea, pero qué me me encanta. Luego la creación, ¿verdad? se manifiesta, como decía. Sí, totalmente, totalmente se manifiesta increíblemente y es es precioso ver cómo lo describe esta María Valtorta porque eh todo el más mínimo detalle y dice, "Es que es imperceptible, o sea, en fracción de segundos lo hace todo posible, pero si es que es la luz, la luz es increíble." y me relacioné con lo que hay de estudios hoy en día de la Sábana Santa, de la Sindrone, que dices, "Wow, o sea, y lo que van descubriendo, lo que la misma inteligencia artificial también y se ha quedado medio atorada de ver todo lo que puedes caer de información y eso todo lo hizo en fracciones de segundos porque es la creación misma, es luz. Así ha hecho todo nuestro Señor. Qué cosa tan extraordinaria, tan hermosa, ¿no? Y me encanta también como describe la belleza, ¿no? La candidez de nuestro Señor, o sea, toda su belleza, su magnificencia, porque sus mismas llagas son las que eh transmiten la luz, o sea, de ellas mismas sale la luz, ¿no? sin sangre ni ni suci nada, o sea, todo limpísimo, ¿no? ¿Qué es la luz? Qué bárbaro. No, no, no. Qué increíble. Y su segunda venida. Yo no me imagino. Qué bárbaro. Extraordinario será, porque es bellísimo nuestro Señor. Bellísimo. Hermoso. Gracias. Muchas gracias por los comentarios. ¿Alguien más quiere comentar? Mirta. La verdad que la que la mente va volando, ¿verdad? Cuando cuando vamos leyendo estas estos escritos. El giro, el giro, sí, esta parte esta parte tan hermosa que es la de que la luz ha tomado cuerpo, eh, es el cuerpo glorioso de de Jesús. Es la divina voluntad, es el fiax luz que ha tomado cuerpo. Sí. Entonces, ese fiat luz, esa ese cuerpo glorioso de Jesús que ya no sufre, pues está ahora buscando humanidades que se puedan unir, se puedan fundir para hacer otro él aquí en la tierra. Es una maravilla cómo lo describe, cómo lo describe María Bartorta, ¿verdad? Eso fue lo más que me llamó la atención. Maggie, sí, sí. Yo yo únicamente nada más tengo una pregunta, es que es maravilloso la descripción que hace María María Baltorta sobre la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, cómo lo describe y mi pregunta es esta, porque nosotros sabíamos en algunas lecturas que la misma humanidad de nuestro Señor Jesucristo no pudo contener a todo el verbo divino. toda su divinidad en la potencia del verbo del verbo de la santísima trinidad allá en el adintra, ¿no? Como que no pudo contener su humanidad todo esa divinidad que él es. Entonces, en la resurrección, como se describe la resurrección, sería en su potencia tal cual o únicamente lo que contenía su humanidad. A mí me tres ahorita como esa controversia un poquito no más como como para aclarar esa esas esta como una conjetura mía nada más. ¿Qué qué qué va opinan acá? El Señor ya ya atravesó el tiempo, así es que él ya no vive ni en el tiempo ni en el espacio. Muy bien, ¿verdad? O sea, él él ya está en la eternidad, pero con la potencia de estar en el tiempo, pero tal tal cual. ¿Verdad? Por eso es que su vestimenta eh ya aparece el vestido porque es con ese vestido esplendoroso, ¿verdad? Veremos más adelante en las apariciones como y me estoy adelantando en eso para comentar esto que que está preguntando Maggie, ¿verdad? El el Señor ya atraviesa las paredes, para él ya no hay nada que lo detenga. Y acá lo que está mostrando es que como la potencia de la luz y y lo y lo vamos a ver en el viernes, la potencia de la luz hace todo esto y y en ese momento es una reacción de luz que se trasluce en en todo a través de las heridas que él tiene, ¿verdad? Porque él quiso quedarse así. Porque si las demás, imagínense que ya no se le ven las llagas, pero sí se queda con los cuatro clavos, la herida del pecho y la corona. Y eso lo vamos a ver el viernes, ¿no? No me adelanto. Entonces, las demás heridas él no las él no las trae. Y si se acuerdan cuando vimos el significado de las llagas, que tenía dos significados, ¿verdad? Uno como nos dice incluso en el evangelio que muchas habitaciones nos esperarán, pero esas habitaciones iban a costa de su llaga. Y la otra razón de las llagas era las almas que se estaban perdiendo, o sea, la carne que se le desprendía de esas llagas representaba las los que los que se iban a perder, ¿verdad? Entonces, eh como todo fue un feno, perdón, un fenómeno de luz, pues esa misma luz que que utiliza él para resucitar es la misma luz que se hace visible a través de todas sus perforaciones, ¿verdad? Así es que él aquí él está eh atravesando ya el tiempo y el espacio. Él él ya es es verbo encarnado que que regresa para levantar a su humanidad. Muy bien, gracias Lupita. Mirta o o Marin Jobi. ¿Quién? Ah, si me permito un momentito, Marijoby, porque quiero este hablar un poquito de lo que Lupita está diciendo. Es que el hijo es el hacedor, ¿verdad? El verbo es el hacedor, por lo tanto, el verbo es el que lleva a cabo el plan del Padre. Sí, quiere decir que esa potencia del Padre, ¿verdad?, se hace se hace visible, se se lleva a cabo por la voluntad y la voluntad es el hijo. Sí, la voluntad divina, la divina voluntad es el hijo. Entonces, en el momento en que en que el cuerpo de Jesús resucita, es realmente el verbo divino con su potencia en esa voluntad que es luz, el que hace posible todo eso. Sí, vuelve de nuevo a a a resurgir ese ese cuerpo, pero un cuerpo glorioso, como dice Lupita, es un cuerpo de luz que está vestido de luz y que deja ese vestido de luz para que nosotros lo pongamos. Sí, en ese vestido de luz estamos todos. Entonces, ahora nosotros nos corresponde unirnos a es a ese sufrimiento de Jesús a través de nuestros propios sufrimientos. Y entonces esa es la humanidad que que se une con esa divinidad para formar otro Jesús aquí en la tierra. Eh, mi y aquí nos lo dice María Baltorta Magi, aquí en esto que está subrayado dice que imponente con brillantísimo vestido de inmaterial materia. sobrenaturalmente hermoso, ¿verdad? Dice, o sea, ahí ya es verbo eterno. Sí, sí. Ahorita lo que comentó Mirta sobre que ya que la resurrección ya es gloriosa, entonces por eso es eh rehacernos a nosotros. Él nos reho, nuestro Señor en esta divina voluntad, en sus actos, para darle la le correspondió al Padre a la gloria y nosotros compartiremos con Jesús esa gloria también. O sea, es que se me hizo muy grande ese regalo, pues para nuestras almas, el conocer esto y aparte de favorecernos con el hacerlo vida. Entonces, esto se me hace eh un regalo muy grande, mucho amor para nuestras almas y aprovechamos para invitarlos al sábado al retiro con el doctor Tomasini, porque precisamente es el tema que está levantando Maggi en este momento, ¿verdad? El renacer de las almas. Así que nos vamos a comentar para que disfrutemos de una amplia respuesta por el doctor Tomas en el retiro del sábado. ¿Qué manda? Que eso va a ser bellísimo, que desde ahora lo digo. Fíate, Mariby. Gracias, Lupita. Bueno, yo lo único que quería comentar es como muy breve también porque este, bueno, nada más un poquito relacionado con lo que mencionaba, pues es que el verbo es el creador de todo. Él es la acción. El verbo es acción de Dios. Entonces es el que dijo, "Hágase fiat y hágase hágase la luz." Y se hizo. Él es el verbo. El verbo y el verbo encarnado es Jesús. Wow. Bueno, eh, pero también quería comentar porque curiosamente y no y corríjanme si a lo mejor estoy mal, pero curiosamente coincide mucho esta parte que menciona María Baltorta, donde describe esta parte de cómo cómo fue en un segundo, en fracciones de segundos el cómo cómo le dice el nuestro Señor a su cuerpo que que resucite, ¿no? Y este y curiosamente creo que eso también mismo se lo menciona a Luisita en el libro de cielo, si no mal recuerdo. Entonces es coincidente y a la vez qué hermoso porque porque esto realmente demuestra lo profundo y lo claro, lo transparente que es y cómo van de la mano María Baltorta con con libro de cielo, porque eso lo hizo nuestro Señor. Sí, porque podrá haber estado Catalina Emerito, pero de verdad, de verdad, eh, ya sabemos lo todo lo que pasó con Catarina Meric. Entonces, pues nuestro señor dijo, "No, no, yo preveo, prevengo." Y qué cosa tan extraordinaria. Pues nada más, era un breve comentario. Sí. Y aquí hay otro otro comentario de de Baltorta, ¿verdad? Todo el brillo paradisíaco se junta en un solo ser. Imagínense todo el brillo del paraíso en un solo ser y le da luz inimaginable. Es es e eh es una luz que no nos podemos imaginar, ¿ver? Así es que una belleza. Bueno, otro comentario, ¿no? Es que iba a ser un comentario porque me eh bien sencillito, es que así de hermoso entonces que es que se le aparece en el momento de la pesca al alma, ¿verdad? Cuando pasa, ¿verdad? A de la muerte, en el momento de la muerte, yo digo, "Wow, entonces el alma que le dice que no y es así una belleza." O sea, que nada, es que simplemente también vino a mi mente esa lectura del momento de la pesca cuando él se le aparece al alma. Sí, sí. Con ese resplantor y con esa belleza con esa belleza que aquí fue cuerpo con verbo encarnado. Allá es verbo encarnado con cuerpo. Ah, qué bello. Hermoso. Oh, hay que hacer así como dice Marijobi. Wow. Wow. Wow. Sí. Bueno, entonces vamos. Cuando se dirige cuando se dirige hacia la salida, mis ojos ven, además de su resplandor dos luminosidades hermosísimas, cual estrellas con respecto al sol. Las veo a cada una, a un lado del umbral, postradas en adoración ante su Dios, que pasa envuelto en su luz, derramando dicha en su sonrisa. sale, deja su fúnebre gruta, vuelve a pisar la tierra que se despierta de alegría y se adorna con el brillo del rocío, con los colores de las hierbas de los rosales, con las innumerables corolas de los manzanos que se abren milagrosamente al primer beso que les da el sol. La tierra saluda adorando al sol eterno que por ellas pasa. Lo que dice sí, tal cual. Los guardias están allí medio muertos. Los ojos mortales no ven a Dios, pero sí los puros del universo. Ven y admiran las flores, las hierbas, los pajaritos al poderoso que pasa en una aureola de luz que es suya. Es una aureola de luz solar. Su sonrisa, su mirada que se posa sobre las flores, sobre las ramitas que se levanta al cielo, todo lo reviste de su belleza. Más suaves y transparentes que el del más bello rosal, son los pétalos que forman una corona sobre la cabeza del vencedor. El Rocío le brinda sus diamantes. En el cielo sus ojos resplandecientes se reflejan. El sol alegre pinta con sus colores una nubecilla de una ligera brisa para que venga a besar a su rey, trayéndole los perfumes de los jardines que extrajo y las caricias de los delicados pétalos. Jesús levanta su mano, bendice, los pajarillos se desgranan en trinos, el viento en perfumes. Jesús desaparece de mi vista. Pero me deja sumergida en una alegría que me borra aún el más leve recuerdo de tristeza, sufrimientos y titubeos del día de mañana. Wow, extraordinariamente hermoso. Ahorita me imaginé cómo en esa parte va es que como él lo dice, ¿no? Nuestras almas tienen olor y tienen forma y tienen de verdad mucho. Entonces ahora en él, que es el verbo encarnado, resucitada su carne nuevamente con toda la luz que es todo su vestimenta blanca, purísima, llena de luz y llenando de luz y de sol a todo a su alrededor, pues claro, ¿cómo no lo iban a saludar? hasta los mismísimos manzanos, las mismas florecillas y vinculado con el que él saluda a las flores también. Pues también me recordé esa escena en María Baltorta donde él admira una que le llaman una florecita esas dientes de león que se van despeluzando, ¿no? Que él decía lo que a Dios le cuesta hacer una vez dices, "Wow, no, no, no, no." Qué extraordinario es que la el mismo creador de todo va pasando y pisando por todas partes y va siendo saludado por la mismísima creación. Y me imaginé también ese paraíso que que nos espera, ¿no? Ese paraíso. Si si logramos alcanzar, esperemos que sí. cómo lo disfrutaba Adán, ¿no? Wow, qué qué extraordinaria belleza, qué hermoso. Porque yo creo que ahí a pesar de esa situación, de todo lo que haber sido esa tumba eh obscura y se iluminó de tal grado que bueno, todo alrededor y todo afuera no adquirió una luminosidad cualquiera del sol a secas, no del que vemos nosotros a diario, sino del mismísimo sol Dios que estaba allí pisando la tierra. Wow. No, por eso dice María Valtorta, ¿verdad?, de una luz paradisíaca. Y un detallito acá de lo que ustedes este comentan, porque esta esta última parte pues es el reflejo de toda la naturaleza cuando él fue pasando. Pero se recuerdan que María Baltorta cuando describe la tumba dice que le parecía extraño por qué los manzanos ahí no habían dado flor. ¿Se recuerdan de esa partecita que a ella le parecía raro? Mientras que esos manzanos se habían reservado para tres días después saludar al Señor. Mire, porque aquí dice que los manzanos se abren milagrosamente. Entonces, los recibieron ya con sus flores brotando, ¿verdad? O sea, la naturaleza, la creación respondiendo totalmente, que a veces decimos nosotros, ¿cómo cómo puede ser eso que la creación o que que el árbol tenga eh una conexión tan tan estrecha con los atributos divinos, verdad? Y aquí pues estamos viendo que eh se habían quedado reservado para florecer justo a los tres días. Mirta, ay, lita, esa parte y Graciela después. Sí, esa esa partecita que Marí Jobi estaba hablando de ese de esa bola de fuego, ¿verdad?, que que bajó ese meteoro que bajó rápido. Eh, me vino el pensamiento de lo que estábamos conversando ahorita, el padre es la potencia, pero el hijo mueve esa potencia, o sea, que es la voluntad divina y ese es el amor, ¿verdad? Pero el Espíritu Santo, ¿qué es lo que hace? derrama eso que tiene el Padre y tiene el Hijo, que es la vida divina y es esa bola de fuego que que llega y que y que abre esa este esa roca. Sí, así fue como como lo pude ver en mi en mi mente. Precios. Gracias, Mor Graciela. Sí, buenas noches. Realmente qué hermosura la descripción de Valtorta en todo esto que hemos estado leyendo de la resurrección y yo veía como la creación está al servicio de la voluntad divina, como cuando el Señor muere, los fenómenos que se producen del temblor, como como pasa también cuando resucita, como esa luz que viene del cielo que ilumina todo, que se mueren de espanto los que están ahí cuidando el el sepulcro este es obediente como cuando en las épocas de nuestro Señor, cuando detenía el viento o cuando paraba las olas, cuando estaban los apóstoles con él, como la naturaleza está toda la creación al servicio de la divina voluntad, cómo se manifiesta en el amor de nuestro Señor con cada cosa creada. eh los pájaros, las flores, la tierra misma que le hace el soporte, cómo lo le dan su bienvenida ya con un cuerpo glorioso, ya en forma de de yo soy la luz, eh su cuerpo divinizado, glorificado. Eh es algo tan maravilloso. una parte que yo leí hace muchísimos años que creo que estaba cuando él sabe que es el último día ya cuando lo vienen a buscar para llevárselo y que él camina por el huerto y hay una parte que va el torta describe como que todos los pájaros, los árboles, toda la naturaleza le hacía el saludo como despidiéndose porque él no lo iban a ver ya más como con su cuerpo, digamos, eh de con su humanidad, ¿no? Pero es una maravilla todo esto. una bendición enorme esta este esta eh visión de Baltorta que nuestro Señor le permite porque es todo un Dios y todo somos los únicos que no estamos en en ordenados en en en su divina voluntad y que ahora, por supuesto, con todo lo que leemos de de del libro de cielo, con todos los regalos que nos deja de la posibilidad de tener un cuerpo divino con con la parte divina como como nuestro padre siempre ha querido cuando ha formado el primer hombre que ha sido Adán con voluntad divina y voluntad humana al servicio de la divina. Bueno, eso eso nada más. Y cómo sí, también sí y cómo vos dijiste la naturaleza eh de alguna manera el temblor cuando él muere y el terremoto cuando muere y ahora una cosa similar con la venida de ese cometa, eh, que ya me imagino los pobres que estaban ahí en la puerta se deben haber querido morir porque eran cosas que todos salían como despavoridos, asustados porque no pueden comprender. solo la gente que tiene que que bueno que que conoce al Señor y que están sabiendo de todo el poder que él tiene como Dios, como Dios, Dios vivo, ¿no? Así que bueno, eso, ¿no? Sí, por eso no se apareció así a lo público, ¿verdad? Y aquí lo aquí lo destacaba el Torta. Los guardias están ahí medio muertos, los ojos mortales no ven a Dios, pero sí los puros del universo. Exacto. Sí. Gracias, Graciela. A ustedes, Mercedes. Ciertamente era lo que yo iba a destacar la lectura, porque nos recuerda como puso alguien, no me acuerdo ahora mismo en el chat, nos recuerda también mucho cuando se le abren los ojos a todos aquellos que que vieron a Jesús resucitado, ¿verdad? Que de primera intención no lo reconocían. Porque no no de primera intención era tanta la luz, ¿verdad?, que tenía que no no podían, o sea, es como como que tenía que ser la persona verdaderamente pura de de alma, de corazón para poder ver al Señor. Y eso es muy peculiar, ¿verdad? muy muy particular porque no todos lo vieron resucitado y por eso esparcieron la gran mentira de que se robaron el cuerpo y todas estas cosas que que hemos escuchado y que se dicen en el evangelio y y que hasta nuestros tiempos todavía hay judíos que creen en esa historia tan absurda. Pero bueno, ahí vamos. Querían ya estaban tapando su conciencia. Exactamente, así mismo. Pero es bellísimo, bellísimo este esta lectura porque como bien han dicho ya todos las demás hermanitas, pues la naturaleza se vuelca toda ante su redentor, ante su señor, ante ante el que todo lo puede. Entonces, esta partecita aquí es tan hermosa cuando dice que bendice y cuando cuando yo escuché aquí los pajarillos se desgranan en trino. ¿Cuántos de ustedes? Yo no sé, me imagino que sí, muchas de ustedes, este, como en mi caso, que tienen, vamos a decir, en mi apartamento, mi cama está cerca de la ventana y pues yo tengo unas matitas y unas cositas, ¿verdad? Y siempre que eh que me yo me despierto bien de madrugada, pero generalmente estoy temprano, pero cuando me quedo un poquito más y penetra el sol y entonces empiezan los pajaritos a trinar, qué hermoso lo que se siente en el alma que quiere vivir en la divina voluntad, porque dice, "Dios mío, cuánto me amas en esta naturaleza. Qué bello despertar teamos." Sí, exacto. Está como correspondiendo correspondiendo a a al amor que uno le va prodigando todos los días y me parece que es hermosísimo. La naturaleza, ¿no? Nos habla de de todo. Gracias por recuerda lo hermoso que es esto. Vi que Maggi había levantado la mano. Sí, también, Lupita, era un comentario referente a a ese que tienes ahí marcado donde dice que los ojos mortales no ven a Dios. Pero yo estaba relacionando la divina voluntad con los actos y y el fundirnos en la divina voluntad, que cada acto son como lucecitas, ¿verdad?, que que hacemos. Entonces estaba pensando yo, entonces el el fundirse con la divina voluntad, que es el mismo Jesús, es fundirnos con esa luz que es él. Entonces ya seríamos luz con luz. Por eso hasta cierto punto, oro con oro. Sí. La esto de la fundirse como debe de ser, como dice el doctor Tomasini, que si si estamos en tinieblas no vamos a poderlo ver, no vamos a poderlo obviamente ni siquiera vamos a oír, a taparnos los ojos, a regresarnos, porque no vamos a ser capaces de de mirarlo de frente. Entonces, realmente el estar fundidos en esa divina voluntad y y hacer los actos, eso nos convierte el en luz nuestras almas, pequeñas lucecitas que nos van a dar el privilegio de fundirnos, de estarnos fundiendo cada vez, yo pienso con más intensidad, con más profundidad, con más, no sé, más vehemencia, no sé, pero Ahí sentí esa relación de la luz de Jesús, su resplandor brillante, luminoso y divino como él es lo que él es. Y cómo el fundirse nosotros en esta divina voluntad que es el mismo Jesús, tendría que ser igual con luz. Gracias, Magi. Invitamos a que nos acompañen en las sesiones de los días viernes, que tenemos unas sesiones que se llama profundizando en la luz, precisamente por eso que dice Magi, ¿verdad? Porque la luz va más allá de ser solo conocimiento, ¿verdad? La luz es él. Bueno, voy a leer eh los comentarios porque ya tenemos escasos minutos para terminar. Ya van a ser las 9. Eh, dice, "No entendemos el valor del sufrimiento", nos dijo Mirta que leímos por último, ¿verdad? Porque no hemos echado raíces, como dice la lectura. Es Marta Lucía comenta la luz que ha tomado cuerpo. Fíat. Eh, María Bernardita nos dice, "Es luz encarnada infinito." Y nos dice también, "Alegría infinita que borra todo recuerdo de tristeza y sufrimiento." Mercedes nos dice, "Yo pienso que así será cuando todos seamos transformados en luz." Fiat, Fiat, Fiat. Eh, eh, no, no te no te voy a reconocer, Mercedes, de tanto resplandor. Marta Lucía Orosco, esta descripción a mí, ah, perdonen que trae el instante en el que dice el Padre, "Hágase la luz." Podríamos decir, es el nuevo hágase de Dios en su hijo, que ha tomado en sí a toda la humanidad, restaurando el reino de su divina voluntad. Lo veremos cuando nos explique el Señor en Luisa el por qué, qué significa su resurrección. El Verbo eterno, en su divina voluntad lo hace posible, pero unido al Padre y al Espíritu Santo, pues es un solo Dios. Trino. Marta Lucía dice, "El vestido que perdió Adán y por el cual se descubrió que estaba desnudo." Y Giovana dice, "Amado Jesús, luz del Eterno, Verbo de Dios, que renaces y resucitas a todos con la gloria del Espíritu Santo. Potencia infinita que en cada paso y destello de tu resplandor eterno, de tu vida divina, haces renacer a toda la creación. Es tan potente tu luz que hasta la misma humanidad brilla como sol. No quedan sombras que tu luz no destruya. Todo tú es un fiate eterno, extendiendo tu reino en toda la tierra como decreto divino. Fiat, fiat. María Alejandra nos dice que nosotros vivamos como hijos de luz y no pequemos contra la claridad de su presencia. María Cecilia dice una pregunta. Al sufrir a mi hijo lo hice, lo ofrecí por toda la humanidad. La pregunta, ¿podemos poner el sufrimiento de otra persona para reparar o por toda la humanidad? Solo termino de leer y y vamos a esa a esa pregunta. Marta Cecilia, con tu permiso vamos a terminar las lecturas. Podemos ah Mirta ya contestó. Podemos rehacer toda la vida querida, María Cecilia, incluyendo el sufrimiento. La divina voluntad le pone el sello divino y eso hace que el alma reciba un refrigerio con la sangre de Jesús y aumente la gloria accidental de todo el cielo. Mercedes dice, "Sí, unido María Cecilia, lo puedes unir, que le dé mayor luz, no solo a tu hijo, sino a todos los que han hecho y haremos ese tránsito, el paso a la vida eterna." María Alejandra dice, "A mí me recuerda cuando se les aparece a la dos discípulos camino a Emaús. No les ardí el corazón, especialmente cuando partí el pan, ¿verdad?" Leticia Ramos. Y Jesús levanta su mano y bendice. Qué bello. Marijobi dice, "El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, las tres divinas personas. la Santísima Trinidad, haciendo obra de la gran potencia del todo Dios. Y dudo mucho que los soldados no hayan percibido nada, ante lo cual quedaron atónitos, pero ya sabemos lo que después sucedió con ellos. El canto de las aves el saludo de Dios alma, llegar a nuestra nada para poder fundirnos con él. En libro de cielo dice Leti que nos en el 1931 que nos dice Jesús que los pajaritos que cantan, trinan y gorgean son imagen de su alegría. Gracias Leti por compartir la lectura y Fiat. Bueno, Mirta, ¿puedes cerrar? No, Male tiene la manita levantada. Male. Sí, yo tengo una duda. Este, Lupita, el este programa o esta serie eh es nada más los miércoles o no sé, hoy es miércoles, el viernes o como es es como la de cuaresma o nada más es los miércoles, ¿no? Lo que pasa que eh tenemos varios temas de resurrección en esta semana, ¿verdad? Nosotros hemos prolongado la octava, la octava de Pascua. Entonces, eh es solo para estos días males, pero estamos hablando de la resurrección en varias sesiones. Ahora, ¿qué se llama? De la resurrección a la asunción. El viernes que vamos a tener la luz y la resurrección y el sábado que tenemos el gran retiro con el doctor Tomas Cini, eh, que es el resurgir de las almas. Entonces, estamos con varios temas de la resurrección, pero no es que el uno vaya con el otro, sino que cada uno toma toca una parte, ¿verdad? Por ejemplo, el viernes vamos a hablar el tema de la luz y cómo fue la resurrección, cómo nos la describe el Señor. Eh, hoy estamos pues en esta serie que si todos los miércoles de aquí hasta que terminemos que probablemente pues nos llevemos unos tres o cu meses todavía en esto de la desde la resurrección hasta la ascensión. Ahorita vamos en el otro miércoles vamos a tratar sobre las apariciones que hizo Jesús resucitado, ¿verdad? Así es. Así es. Male como estamos. Eh, como los temas no los hemos puesto, solo hemos puesto un cronograma que subió Mirta por cada día y recuérdense que todos las sesiones las estamos haciendo a las 5 pm, hora de México, para que tampoco nos confundamos, ¿verdad? Pero sí, eh, cada día de la semana estamos tratando un subtema, digamos, de la resurrección en esta semana. Ah, okay. Entonces, ¿me puedo conectar el miércoles y el viernes? Sí. Eh, digo, para este no perderme no perderme tanto y este y les pregunto esto porque yo le voy compartiendo a una amiga en España este por la diferencia de horarios y y la complicación que le tiene para este conectarse. Entonces, eh le voy compartiendo y este y por ejemplo ahorita está en espera de que ya esté toda la playlist de la Alma Ayúdame, este porque le fui pasando por conforme iban saliendo, este, le digo, "Pero faltan todavía otros videos." y me dice, "Sí, es que están muy interesantes." Entonces, eh, pues los va rumando. Entonces, ahorita igual este le voy hablando, le voy pasando el material y este pero yo no quiero como perderme como la sesión y por eso preguntaba, pero ya me quedó claro. Muchas gracias. Sí, bendito Dios que está sirviendo, ¿verdad? Ah, ese ese es el único objetivo que que queremos que nos mueva. En esto hablo con toda propiedad por Mirta y por y por mi persona, ¿verdad? Y lo que vamos a hacer con esa pregunta que nos hace male, un cuadrito donde vamos a poner el nombre del chat de cada día con el nombre de la de la sesión, no solamente el horario, porque ese sí lo tenemos, ¿verdad? horario por sesión, pero le les vamos a hacer un cuadrito sencillo donde venga día lunes en qué chat y qué es el tema eh que vamos que iniciamos. No tenemos ningún tema que se vaya a terminar en fecha corta, así es que este ese calendarito les puede servir mínimo dos meses meses. Claro que sí. Muchas gracias. Bueno, mis queridos hermanos, entonces cierras porque sí nos vemos el el miércoles que viene, si Dios quiere, y si las que pues siguen con el tema de la luz, pues este viernes vamos a estar eh vamos a estar con el tema de la luz y la resurrección, como dijo Lupita. Así que sigamos caminando y adentrándonos y penetrando en este misterio de amor tan grande de esta luz divina, de este Dios que tanto nos ama, que se desborda y que y que está esperando que nosotros pues realmente recibamos ese ese desborde de amor para que se extienda a todos. Divina noche y hasta pronto.
3.
La Resurrección 1
1°
abril 1945
1 Cfr. Mt. 28, 2-4.
139
En
el huerto todo es silencio y brillar de rocío. Después de haber olvidado su
azul-negro
con
pespuntes de estrellas que por toda la noche han contemplado el mundo, el cielo
va
tomando
los tintes de un zafiro más claro. El alba va empujando de oriente a occidente
las
ondas
todavía oscuras, como la onda durante la marea alta que avanza siempre más,
cubriendo
la oscura playa, y sustituyendo el gris negro de la mojada arena y de los
arrecifes
con
el azul marino del agua.
Alguna
que otra estrella no quiere morir, aunque su parpadear es cada vez más débil
bajo
la
onda de la luz blanco-verdosa del alba, de un color gris-lechoso, como la
fronda de aquellos
somnolientos
olivos que coronan a se montecillo poco lejano. Y luego naufraga sumergida por
la
onda del alba, como tierra que el agua cubre. El cielo pierde sus ejércitos de
estrellas, y
sólo,
allá en las extremidades occidentales, tres, luego dos, finalmente una, se
quedan a
contemplar
ese prodigio diario que es la aurora cuando surge.
Y
cuando un hilo de color rosa tira una línea sobre la seda de color turquesa del
cielo
oriental,
un suspiro de viento pasa por la fronda, por las hierbas diciendo:
“Despertados. El día
ha
salido”. Pero no despierta sino la fronda y la hierba, que se estremecen bajo
sus diamantes
de
rocío y hacen un tenue movimiento, acompañado de las melodías que las gotas
dejan caer.
Los
pajarillos aún no se despiertan entre el tupido ramaje de un altísimo ciprés
que parece
dominar
como señor en su reino, ni en el seto vivo de laureles que defiende del cierzo.
Los
guardias fastidiados, temblando de frío, muriéndose de sueño guardan el
sepulcro en
diversas
actitudes. La puerta del sepulcro, a su extremo ha sido reforzada con una
gruesa
capa
de cal, como si fuese un contrafuerte. Sobre el color blanco opaco golpean las
largas
ramas
del rosal, como sobre el sello del templo.
Seguramente
que los guardias hicieron alguna fogata en la noche porque hay cenizas y
tizones
en el suelo. Habrán jugad y comido pues todavía hay sobras de comida tiradas
por el
suelo
y huesitos pulidos, que usaron en su juego, a modo de nuestro dominó, o al
infantil de
las
canicas, sobre un tablero hecho en la vereda. Luego se cansaron, dejaron todo
como
estaba
y buscaron dónde poder acomodarse para dormir o velar.
En
el cielo que tiene en el oriente una raya rosada que avanza hacia el firmamento
sereno,
donde
todavía no hay ni un rayo de sol, se asoma, viniendo de desconocidas
profundidades,
un
meteoro brillantísimo que desciende, cual bola de fuego de un resplandor
inimaginable,
seguido
de una brillante estela, que tal vez no es más que la huella de su fulgor en
nuestra
retina.
Desciende velocísima hacia la tierra, derramando una luz tan intensa, que pese
a su
belleza
infunde temor. La rosada luz de la aurora desaparece al contacto de esta
blanquísima
incandescencia.
Los
guardias levantan espantados sus cabezas, porque junto con la luz llega un
retumbo
armónico,
majestuoso que llena todo lo creado. Viene de las profundidades paradisíacas.
Es el
aleluya,
la gloria angelical que sigue al Espíritu de Jesús, que vuelve a su cuerpo
glorioso.
El
meteoro da contra la inútil cerradura del sepulcro, lo destruye, lo echa por
tierra, esparce
terror
y fragor sobre los guardias, que habían sido puestos de carceleros del Dueño
del
Universo,
y al pegar contra la tierra provoca un nuevo terremoto como había sucedido
cuando
el
espíritu del Señor salió de la tierra. Entra en la oscuridad del sepulcro que
se ilumina con
esa
luz indescriptible, y mientras permanece suspendida en el aire, inmóvil, el
Espíritu vuelve a
entrar
en el cuerpo sin vida bajo las fúnebres vendas.
Todo
esto no sucedió en un minuto, sino en fracción de minuto. El aparecer,
descender,
penetrar
y desaparecer la luz de Dios ha sido velocísimo...
El
“Fiat” del divino Espíritu a su frío cuerpo no recibe contestación. El “Fiat”
lo dice la
Esencia
a la materia muerta. Sin embargo no se oye ni una palabra.
La
carne recibe la orden, obedece con un profundo respiro...
No
pasa más de un minuto.
Bajo
el sudario y la Sábana la carne gloriosa se transforma en una eterna belleza;
despierta
del
sueño de la muerte, vuelve de la “nada” en que estaba. El corazón se despierta.
Da el
primer
latido. Empuja en las venas heladas sangre que quedó e inmediatamente crea lo
que
140
necesitan
las arterias vacías, lo que necesitan los pulmones inmóviles, el cerebro. Lleva
calor,
salud,
fuerzas, pensamiento.
Un
instante más, y un movimiento repentino se sucede bajo la Sábana, tan repentino
que
del
instante en que Él ciertamente mueve las manos cruzadas al momento en que
aparece de
pie,
imponente, brillantísimo con un vestido de inmaterial materia,
sobrenaturalmente hermoso
y
majestuoso, con esa solemnidad que lo cambia, lo eleva, siendo siempre el
mismo, apenas
si
el ojo humano tiene tiempo de captar los cambios. Y ahora lo admiro: tan
diverso de lo que
mi
memoria me presenta, limpio, sin heridas, ni sangre. Despide luz de sus cinco
llagas y brota
también
de cada poro de su piel.
Cuando
da el primer paso –y al moverse los rayos que brotan de manos y pies le forman
como
aureola de luz, desde la cabeza con aureola de una corona que le hicieron las
heridas
de
las que no brota sangre sino resplandor, hasta la orla del vestido, cuando al
abrir sus
brazos
que tiene cruzados sobre el pecho, descubre una luminosidad vivísima que se
trasluce
por
el vestido encendiéndole a la altura del corazón- entonces realmente es la
“Luz” que ha
tomado
cuerpo. No se trata de la pobre luz terrena, ni de la de los astros, ni de la
del sol, sino
de
la de Dios. Todo el brillo paradisíaco se junta en un solo Ser y le da su luz
inimaginable por
pupilas,
su fuego de oro por cabellos, su candidez angelical por vestiduras y colorido,
y lo que
no
puede describir la palabra humana, el inmenso ardor de la Santísima Trinidad,
que anula
con
su potencia abrasadora cualquier fuego del paraíso, absorbiéndolo en Sí para
engendrarlo
de
nuevo en cada instante del tiempo eterno, Corazón del cielo que atrae y difunde
su sangre,
las
incontables gotas de su sangre incorpórea: los bienaventurados, los ángeles,
todo cuanto
es
el paraíso: el amor de Dios, el amor de Él. Lo que forma al Jesús resucitado
todo es luz.
Cuando
se dirige hacia la salida, mis ojos ven además de su resplandor, dos
luminosidades
hermosísimas
cual estrellas con respecto al sol. Las veo a cada una a un lado del umbral,
postradas
en adoración ante su Dios que pasa envuelto en su luz, derramando dicha en su
sonrisa.
Sale. Deja su fúnebre gruta. Vuelve a pisar la tierra que se despierta de
alegría y se
adorna
con el brillo del rocío, con los colores de las hierbas, de los rosales, con
las
innumerables
corolas de los manzanos que se abren milagrosamente al primer beso que les
da
el sol. La tierra saluda adorando al Sol eterno que por ellas pasa.
Los
guardias están allí, medio muertos... Los ojos mortales no ven a Dios, pero sí
los puros
del
universo. Ven y admiran las flores, las hierbas, los pajaritos al Poderoso que
pasa en una
aureola
de Luz que es suya, es una aureola de luz solar.
Su
sonrisa, su mirada que se posa sobre las flores, sobre las ramitas, que se
levanta al
cielo,
todo lo reviste de su belleza. Más suaves y transparentes que el del más bello
rosal son
los
pétalos que forman una corona sobre la cabeza del vencedor. El rocío le brinda
sus
diamantes.
En el cielo sus ojos resplandecientes se reflejan. El sol alegre pinta con sus
colores
una
nubecilla de una ligera brisa para que venga besar a su Rey, trayéndole los
perfumes de
los
jardines que extrajo y las caricias de los delicados pétalos.
Jesús
levanta su mano. Bendice. Los pajarillos se desgranan en trinos. El viento en
perfumes.
Jesús desaparece de mi vista, pero me deja sumergida en una alegría que me
borra
aun
el más leve recuerdo de tristeza, sufrimientos y titubeos del día de mañana...Seguramente
que los guardias hicieron alguna fogata en la noche porque hay cenizas y
tizones
en el suelo. Habrán jugad y comido pues todavía hay sobras de comida tiradas
por el
suelo
y huesitos pulidos, que usaron en su juego, a modo de nuestro dominó, o al
infantil de
las
canicas, sobre un tablero hecho en la vereda. Luego se cansaron, dejaron todo
como
estaba
y buscaron dónde poder acomodarse para dormir o velar.
En
el cielo que tiene en el oriente una raya rosada que avanza hacia el firmamento
sereno,
donde
todavía no hay ni un rayo de sol, se asoma, viniendo de desconocidas
profundidades,
un
meteoro brillantísimo que desciende, cual bola de fuego de un resplandor
inimaginable,
seguido
de una brillante estela, que tal vez no es más que la huella de su fulgor en
nuestra
retina.
Desciende velocísima hacia la tierra, derramando una luz tan intensa, que pese
a su
belleza
infunde temor. La rosada luz de la aurora desaparece al contacto de esta
blanquísima
incandescencia.
Los
guardias levantan espantados sus cabezas, porque junto con la luz llega un
retumbo
armónico,
majestuoso que llena todo lo creado. Viene de las profundidades paradisíacas.
Es el
aleluya,
la gloria angelical que sigue al Espíritu de Jesús, que vuelve a su cuerpo
glorioso.
El
meteoro da contra la inútil cerradura del sepulcro, lo destruye, lo echa por
tierra, esparce
terror
y fragor sobre los guardias, que habían sido puestos de carceleros del Dueño
del
Universo,
y al pegar contra la tierra provoca un nuevo terremoto como había sucedido
cuando
el
espíritu del Señor salió de la tierra. Entra en la oscuridad del sepulcro que
se ilumina con
esa
luz indescriptible, y mientras permanece suspendida en el aire, inmóvil, el Espíritu
vuelve a
entrar en el cuerpo sin vida bajo las fúnebres vendas.
penetrar
y desaparecer la luz de Dios ha sido velocísimo...
El
“Fiat” del divino Espíritu a su frío cuerpo no recibe contestación. El “Fiat”
lo dice la
Esencia
a la materia muerta. Sin embargo no se oye ni una palabra.
La
carne recibe la orden, obedece con un profundo respiro...
No
pasa más de un minuto.
Bajo
el sudario y la Sábana la carne gloriosa se transforma en una eterna belleza;
despierta
del
sueño de la muerte, vuelve de la “nada” en que estaba. El corazón se despierta.
Da el
primer
latido. Empuja en las venas heladas sangre que quedó e inmediatamente crea lo
que
140
necesitan
las arterias vacías, lo que necesitan los pulmones inmóviles, el cerebro. Lleva
calor,
salud,
fuerzas, pensamiento.
Un
instante más, y un movimiento repentino se sucede bajo la Sábana, tan repentino
que
del
instante en que Él ciertamente mueve las manos cruzadas al momento en que
aparece de
pie,
imponente, brillantísimo con un vestido de inmaterial materia,
sobrenaturalmente hermoso
y
majestuoso, con esa solemnidad que lo cambia, lo eleva, siendo siempre el
mismo, apenas
si
el ojo humano tiene tiempo de captar los cambios. Y ahora lo admiro: tan
diverso de lo que
mi
memoria me presenta, limpio, sin heridas, ni sangre. Despide luz de sus cinco
llagas y brota
también
de cada poro de su piel.
Cuando
da el primer paso –y al moverse los rayos que brotan de manos y pies le forman
como
aureola de luz, desde la cabeza con aureola de una corona que le hicieron las
heridas
de
las que no brota sangre sino resplandor, hasta la orla del vestido, cuando al
abrir sus
brazos
que tiene cruzados sobre el pecho, descubre una luminosidad vivísima que se
trasluce
por
el vestido encendiéndole a la altura del corazón- entonces realmente es la
“Luz” que ha
tomado
cuerpo. No se trata de la pobre luz terrena, ni de la de los astros, ni de la
del sol, sino
de
la de Dios. Todo el brillo paradisíaco se junta en un solo Ser y le da su luz
inimaginable por
pupilas,
su fuego de oro por cabellos, su candidez angelical por vestiduras y colorido,
y lo que
no
puede describir la palabra humana, el inmenso ardor de la Santísima Trinidad, que
anula
con
su potencia abrasadora cualquier fuego del paraíso, absorbiéndolo en Sí para
engendrarlo
de
nuevo en cada instante del tiempo eterno, Corazón del cielo que atrae y difunde
su sangre,
las
incontables gotas de su sangre incorpórea: los bienaventurados, los ángeles,
todo cuanto
es
el paraíso: el amor de Dios, el amor de Él. Lo que forma al Jesús resucitado
todo es luz.
Cuando
se dirige hacia la salida, mis ojos ven además de su resplandor, dos
luminosidades
hermosísimas
cual estrellas con respecto al sol. Las veo a cada una a un lado del umbral,
postradas
en adoración ante su Dios que pasa envuelto en su luz, derramando dicha en su
sonrisa.
Sale. Deja su fúnebre gruta. Vuelve a pisar la tierra que se despierta de
alegría y se
adorna
con el brillo del rocío, con los colores de las hierbas, de los rosales, con
las
innumerables
corolas de los manzanos que se abren milagrosamente al primer beso que les
da
el sol. La tierra saluda adorando al Sol eterno que por ellas pasa.
Los
guardias están allí, medio muertos... Los ojos mortales no ven a Dios, pero sí
los puros
del
universo. Ven y admiran las flores, las hierbas, los pajaritos al Poderoso que
pasa en una
aureola
de Luz que es suya, es una aureola de luz solar.
Su
sonrisa, su mirada que se posa sobre las flores, sobre las ramitas, que se
levanta al
cielo,
todo lo reviste de su belleza. Más suaves y transparentes que el del más bello
rosal son
los
pétalos que forman una corona sobre la cabeza del vencedor. El rocío le brinda
sus
diamantes.
En el cielo sus ojos resplandecientes se reflejan. El sol alegre pinta con sus
colores
una
nubecilla de una ligera brisa para que venga besar a su Rey, trayéndole los perfumes
de
los
jardines que extrajo y las caricias de los delicados pétalos.
Jesús
levanta su mano. Bendice. Los pajarillos se desgranan en trinos. El viento en
perfumes.
Jesús desaparece de mi vista, pero me deja sumergida en una alegría que me
borra
aun
el más leve recuerdo de tristeza, sufrimientos y titubeos del día de mañana...
4.
Jesús se aparece a su Madre
21
febrero 1944
La
Virgen está postrada con el rostro en tierra. Parece un ser abatido, como la
flor muerta
de
sed de que ha hablado.
La
cerrada ventana se abre bruscamente, y con el primer rayo del sol entra Jesús.
María,
que se estremeció al ruido, levanta su cabeza para ver qué clase de viento
hubiera
abierto
las hojas de la ventana, mira a su radiante Hijo: hermoso, infinitamente más
hermoso
de
lo que eran antes de su pasión, sonriente, vivo, luminoso más que el sol, de un
vestido
blanco
que parece tejido con la luz, y que se acerca a Ella.
141
María
se endereza sobre sus rodillas y juntando sus manos sobre el pecho, en cruz,
habla
con
un sollozo que es de riza y llanto: “Señor, Dios mío” Y se queda extasiada al
contemplarlo.
Las
lágrimas que bañaban su rostro se detienen. Su rostro se hace sereno, tranquilo
con la
sonrisa
y el éxtasis.
Jesús
no quiere ver a su Madre de rodillas como a una esclava. Tendiéndole las manos
de
cuyas
llagas salen rayos que hacen más luminoso su cuerpo, le dice: “¡Madre!”
No
es la palabra desconsolada de las conversaciones y de los adioses anteriores a
la
pasión,
ni el lamento desgarrador de su encuentro en el Calvario y en su último
suspiro. Es un
grito
de triunfo, de alegría, de victoria, de fiesta, de amor, de gratitud.
Se
inclina sobre su Madre que no se atreve a tocarlo, le pasa las manos por los
codos
doblados,
la pone de pie, la estrecha contra su corazón y la besa.
¡Oh!,
entonces María comprende que no es una visión, que es realmente su Hijo
resucitado,
que es su Jesús, su Hijo quien la sigue amando como a tal. Y con un giro se le
echa
al cuello, lo abraza, lo besa, entre lágrimas y sonrisas. Lo besa en la frente
donde no hay
más
heridas; en la cabeza que no está despeinada, ni ensangrentada; en los
brillantes ojos, en
las
mejillas sanas, en la boca que no está hinchada. Luego le toma las manos, besa
el dorso y
la
palma. Se arrodilla besa sus pies al levantar la resplandeciente vestidura.
Luego se pone de
pie,
lo mira, pero no se atreve a hacer más.
Entonces
Él sonríe y comprende. Entreabre su vestido, muestra el pecho y pegunta:
“¿Madre,
no besas ésta, que tanto te hizo sufrir y que eres la única digna de besar?
Bésame
en
el corazón, Madre. Tu beso me borrará el último recuerdo de todo lo que fue
dolor y me da
la
alegría que falta aún a mi júbilo de resucitado”. Toma entre sus manos el
rostro de la Virgen,
le
apoya sus labios en la herida del costado de la que manan ríos de vivísima luz.
El
rostro de María resplandece con esa luz, pues está envuelto en sus rayos. Besa
una y
otra
vez la herida, mientras Jesús la acaricia. No se cansa de besar. Parece un
sediento que
bebe
de un manantial, y que bebe con las linfas la vida, que iba perdiendo.
Jesús
habla.
“Ha
terminado todo, Madre. Ahora no tienes más por qué llorar a tu Hijo. La prueba
ha
acabado.
La redención se ha realizado, Madre, gracias por haberme concebido, alimentado,
ayudado
en la vida y en la muerte.
Tus
plegarias llegaron hasta mí. Fueron mi fuerza en el dolor, mis compañeros en mi
viaje
por
la tierra y más allá. Conmigo fueron a la cruz y al limbo. Fueron el incienso
que precedía al
Pontífice
que fue a llamar a sus siervos para llevarlos al templo que no muere: a mi
cielo.
Fueron
conmigo al paraíso, adelantándose cual voz angelical el cortejo de los
redimidos a
cuya
cabeza iba para que los ángeles estuviesen prontos a saludarme como al
Vencedor, que
regresaba
a su reino. El Padre y el Espíritu vieron, oyeron tus plegarias, que tuvieron
la
sonrisa
de la flor más bella, que fueron más melodiosas que el más dulce cántico que en
el
paraíso
hubiera brotado. Los patriarcas, los nuevos santos, los primeros ciudadanos de
mi
Jerusalén
las oyeron, y te traigo ahora su agradecimiento. Madre, al mismo tiempo que el
beso
y
bendición de nuestros parientes, te traigo los de tu esposo de alma, José.
Todo
el cielo canta sus hosannas a ti, Madre mía, ¡Madre santa! Un hosanna que no
muere,
que no es falaz como el que hace pocos días me brindaron.
Ahora
me voy al Padre con mi vestido humano. El Paraíso debe ver al Vencedor en su
vestido
de Hombre con el que vencí el pecado del hombre. Pero luego volveré otra vez.
Debo
confirmar
en la fe a quien aún no cree y que tiene necesidad de creer para llevar a
otros; debo
fortificar
a los pusilánimes que tendrán necesidad de mucha fortaleza para resistir el
ataque
del
mundo.
Luego
subiré al cielo. Pero no te dejaré sola. Madre, ¿ves ese velo? En mi
aniquilamiento,
quise
mostrarte una vez mi poder con un milagro para que te consolase. Ahora realizo
otro. Me
tendrás
en el Sacramento, real como cuando me llevabas en tu seno. No estarás jamás
sola.
En
estos días lo has estado.
142
Este
dolor tuyo es necesario a mi redención. Mucho se le irá añadiendo porque
seguirá
aumentando
el pecado. Llamaré a todos mis siervos para que compartan y participen de esta
redención.
Tú eres la que sola harás más que todos los santos juntos. Por esto era
necesario
también
este abandono. Ahora no más.
No
estoy más separado del Padre. Tú no lo estarás más de tu Hijo. Y al tener al
Hijo, tienes
a
nuestra Trinidad. Cielo viviente, llevarás sobre la tierra a la Trinidad entre
los hombres;
santificarás
la Iglesia, tú, Reina del sacerdocio y Madre de los que creen en Mí. Luego
vendré
a
llevarte. No estaré ya más en ti, sino tú en Mí, en mi reino, para que hagas
más bello mi
Paraíso.
Ahora
me voy, Madre. Voy a hacer feliz a la otra María. Luego subiré a donde mi
Padre, y
de
ahí vendré a ver a quien no cree.
Madre,
dame tu beso por bendición. Mi paz te acompañe. Hasta pronto”.
Jesús
desaparece en el sol que baja a torrentes del cielo matinal y tranquilo.
5.
Las mujeres piadosas van al sepulcro 1
2
abril 1945
Entre
tanto las mujeres que habían partido, caminan a lo largo del muro sumido en la
penumbra.
Por algunos minutos no hablan. Van bien arropadas y miedosas de tanto silencio
y
soledad.
Luego, cobrando ánimo a la vista de la absoluta tranquilidad que reina en la
ciudad,
se
reúnen en grupo y, dejando el miedo, hablan.
“¿Estarán
ya abiertas las puertas?” pregunta Susana.
“Claro.
Mira allá al primer hortelano que entra con verduras. Se dirige al mercado”
responde
Salomé.
“¿Nos
dirán algo?” torna a preguntar.
“¿Quién?”
interroga Magdalena.
“Los
soldados, en la puerta Judiciaria... Por allí... entran pocos y salen menos...
Podríamos
dar
sospechas...”
“¡Y
qué con eso! Nos verán, y verán a cinco mujeres que van al campo. Nos pueden
tomar
por
quienes, después de haber celebrado la pascua, regresan a su ciudad”.
“Pero...
para no llamar la atención de ningún malintencionado, ¿por qué no salimos por
otra
puerta
y luego damos vuelta a lo largo del muro?”
“Se
haría más largo el camino”.
“Pero
estaríamos más seguras. Vamos a la puerta del Agua...”
“¡Oh,
Salomé! ¡Si yo fuera tú, escogería la puerta Oriental! Sería más largo el
recorrido. Hay
qué
hacerlo pronto y volver presto” responde Magdalena secamente.
“Entonces
escojamos otra, pero no la Judiciaria. Sé buena...” ruegan todas. “Está bien, y
ya
que
lo queréis pasaremos por donde Juana. Nos pidió que se lo hiciéramos saber. Si
fuéramos
derecho,
no habría necesidad. Pero como queréis dar una vuelta más larga, pasemos por su
casa...”
“¡Oh,
sí! Incluso por los guardias que hay allí... Juana es conocida y respetada...”
“Propondría
que se pasase por la casa de José de Arimatea. Es el dueño del lugar”.
“¡Claro!
¡Hagamos ahora un cortejo para que nadie repare en nosotras! ¡Oh, qué cobarde
hermana
tengo! Más bien, Marta, hagamos así. Yo me adelanto y espero. Vosotras venís
con
Juana.
Me pondré en medio del camino si hay peligro alguno, me veréis y regresaremos.
Os
aseguro
que los guardias ante esto que lo he pensado (enseña una bolsa llena de
monedas)
nos
dejarán hacer todo”.
“Lo
diremos también a Juana. Tienes razón”.
“Entonces
id, que yo me voy por mi parte”.
“¿Te
vas sola, María? Voy contigo” dice Marta, temerosa por su hermana.
1 Cfr. Mt. 28, 1-10; Mc. 16, 2-8; Lc. 24, 2-12; Ju.
20, 1-18.
143
“No.
Tú vete con María de Alfeo a la casa de Juana. Salomé y Susana te esperarán
cerca
de
la puerta, de l lado de afuera de los muros. Luego tomaréis juntas el camino
principal.
Hasta
pronto”.
Magdalena
no da pie a otros posibles pareceres poniéndose veloz en camino con su bolsa
de
perfumes y el dinero en el seno.
Rápidamente
camina como invitada por los primeros parpadeos de la aurora. Pasa por la
puerta
Judiciaria para llegar más pronto. Nadie la detiene...
Las
otras la miran. Luego vuelven las espaldas en el cruce de los caminos donde
estuvieron
y toman otro, estrecho y oscuro, que la llegar al Sixto se ensancha en una
calle
más
grande en que hay hermosas casas. Vuelven a dividirse. Salomé y Susana siguen
por la
calle,
entre tanto que Marta y María de Alfeo llaman al portón de hierro y se muestran
por la
ventanilla,
que apenas si abre el portero.
Van
a donde está Juana, que ya se había levantado y vestido de un color morado muy
oscuro
que resalta su palidez. Está preparando también con su nutriz y una sirvienta
los
aceites.
“¿Ya
habéis llegado? Dios os lo pague. Si no hubierais venido, habría ido yo... para
buscar
consuelo...
porque muchas cosas han quedado mal, desde aquel terrible día. Y para no
sentirme
sola debo ir a donde esa piedra, llamar y decir: “Maestro, soy la pobre
Juana... No
me
dejes sola tampoco Tú...” Juana llora desconsoladamente en silencio, mientras,
Ester su
nutriz,
hace muchas señales indescifrables detrás de la espalda de su dueña mientras le
pone
el
manto.
“Me
voy, Ester”.
“¡Dios
te consuele!
“Salen
del palacio para reunirse con sus compañeros. Es en este momento en que sucede
el
breve y fuerte terremoto que echa de nuevo en brazos del terror a los
jerosolimitanos, que
no
han olvidado el susto del viernes.
Las
tres mujeres precipitadamente vuelven pasos atrás, y se quedan en el ancho
vestíbulo
llenas
de miedo entre sus siervas y siervos que gritan, que invocan al Señor...
...Magdalena
por su parte está exactamente en los bordes del caminillo que conduce al
huerto
de Arimatea cuando la sorprende el poderoso aunque armónico rugir de esta señal
celestial,
mientras, a la luz apenas rosada de la aurora que avanza en el cielo donde
todavía
en
el poniente una tenaz estrella se ve, que tiñe de rubio el aire hasta ahora
verdoso, se
enciende
una potente luz que baja como un globo incandescente, brillantísimo, cortando
en
zigzag
el tranquilo aire.
María
siente el sacudimiento y cae por tierra. Por un momento murmura: “¡Señor mío!”
Luego
se endereza como el tallo al pasar el viento y veloz corre hacia la huerta.
Entra como un
pajarillo
perseguido en busca del nido y se dirige al sepulcro. Por más prisa que se da
no
puede
estar cuando el celeste meteoro entra destruyendo sello y cal puestos para
refuerzo de
la
piedra, ni cuando con fragor la puerta de piedra cae, provocando un golpe que
se une al del
terremoto,
que aunque es breve, es violentísimo tanto que deja como muertos a los guardias
aterrorizados.
Al llega María ve a estos carceleros del Triunfador echados por tierra como un
manojo
de espigas segadas, pero no relaciona el terremoto con la resurrección, sino al
contemplar
aquel espectáculo piensa que haya sido un castigo de Dios contra los
profanadores
del sepulcro de Jesús y cayendo de rodillas grita: “¡Ay de mí! ¡Lo han robado!”
Queda
destrozada. Llora como una niña, que segura de encontrar a su padre en casa, la
encuentra
vacía. Se levanta y corre para ir a decirlo a Pedro y Juan. Y como no piensa
sino en
avisar
a los dos, no se acuerda de ir al encuentro de sus compañeras, de esperar en el
camino,
más rápida cual gacela rehace el camino, pasa por la puerta Judiciaria y vuela
por las
calles
que se van animando, se echa sobre el portón de la casa y violentamente lo
sacude.
La
dueña le abre. “¿Dónde están Juan y Pedro?” pregunta angustiada Magdalena.
“Allí”.
La mujer señala el Cenáculo.
144
Magdalena
apenas si entra. Ante los dos sorprendidos discípulos, con voz baja por
compasión
a la Virgen, pero llena de dolor, dice: “¡Se han llevado al Señor del sepulcro!
¡Quién
sabe
dónde lo habrán puesto!” Por vez primera tambalea, y para no caer se ase de
donde
puede.
“¡Pero
cómo! ¿Qué estás diciendo?” preguntan los apóstoles.
Ella
con ansias: “Me adelanté... para comprara los guardias... para que nos dejasen
embalsamarlo.
Están allí como muertos... El sepulcro está abierto, la piedra por tierra...
¿Quién
habrá sido? ¡Oh, venid! Corramos...”
Pedro
y Juan salen inmediatamente. Magdalena los sigue por un trecho, luego regresa.
Toma
de los brazos a la dueña de la casa, la sacude llevada de su amor, y le ordena:
“Por
ningún
motivo dejes pasar a alguien donde está ella (señala la puerta de la habitación
de la
Virgen).
Acuérdate que soy tu señora. Obedece y calla”.
Sumida
en espanto la deja. Alcanza a los apóstoles que a grandes pasos se dirigen al
sepulcro...
...Susana
y Salomé han llegado a la muralla. En ese momento el terremoto las sobrecoge.
Llenas
de miedo se refugian bajo un árbol y se quedan allí, luchando entre el ansia de
ir al
sepulcro
o en el de correr a la casa de Juana. Pero el amor sobrepuja el miedo y se
dirigen al
sepulcro.
Asustadas,
entran en el hurto, ven a los guardias tirados por tierra... ven que sale una
gran
luz
de sepulcro abierto. Su temor crece, llegan a su clímax cuando, teniéndose por
la mano
para
darse valor mutuamente, se asoman al umbral y en la oscuridad de la gruta
sepulcral ven
a
un ser luminosísimo, bellísimo, que dulcemente sonríe, que las saluda desde el
lugar de
donde
está: apoyada a derecha de la piedra de la unción que desaparece con el inmenso
resplandor.
Espantadas
caen de rodillas.
Dulcemente
el ángel les habla: “No temáis. Soy el ángel del divino Dolor. He venido para
ser
feliz con su término. Jesús no siente más el dolor, ni la humillación de la
muerte. Jesús de
Nazaret,
el Crucificado a quien buscáis, ha resucitado. ¡No está más aquí! Vacío está el
lugar
donde
lo pusieron. Alegraos conmigo. Id. Decid a Pedro y a los discípulos que ha
resucitado,
que
se os adelanta en Galilea. Allá lo veréis por un poco de tiempo más, según lo
había
dicho”.
Las
mujeres caen con el rostro a tierra, y cuando lo levantan huyen como quien huye
ante
un
duro castigo. Están aterrorizadas, murmuran: “¡Ahora moriremos! ¡Hemos visto al
ángel del
Señor!
“En campo abierto se tranquilizan un poquito. Se consultan entre sí. ¿Qué
hacer? Dicen
que
si cuentan lo que vieron nadie les creería. Si dicen que han ido allí, los
judíos pueden
acusarlas
de haber matado a los guardias. No. No pueden decir nada ni a los amigos, ni a
los
enemigos...
Espantadas,
enmudecidas regresan por otro camino a casa. Entran y se meten al
Cenáculo.
Ni siquiera tratan de ver a la Virgen... Allí piensan si lo que han visto, no
habrá sido
un
engaño del demonio. Como humildes que son, piensan que “no puede ser que les
haya
concedido
ver al enviado de Dios. Es satanás que las quiso atemorizar”.
Lloran,
ruegan como dos niñas espantadas por una pesadilla...
...El
tercer grupo, el de Juana, María de Alfeo y Marta, al ver que no pasa ninguna
otra
cosa,
decide ir a donde de seguro las estarán esperando sus compañeras. Salen a la
calle
donde
la gente aterrorizada habla del recién terremoto, que lo une con lo del
viernes, que ve
aun
lo que no existe.
“¡Mejor
si todos están atemorizados! Tal vez hasta los guardias lo estarán y nos
dejarán
pasar”
dice María de Alfeo.
Ligeras
van a la muralla. Mientras caminan, Juan y Pedro han llegado al huerto,
seguidos
de
Magdalena.
145
Juan,
más rápido, llega primero al sepulcro. No hay más guardias. Tampoco el ángel.
Juan
se
arrodilla temeroso y afligido en el umbral abierto, por respeto y por ver si
algo puede darle
alguna
pista, pero no ve sino los lienzos colocados sobre la sábana, puestos en montón
por
tierra.
“Simón,
¡no está! María ha visto bien. Ven, entra, mira”.
Pedro,
con el aliento entrecortado por la rapidez del paso, entra en el sepulcro. Por
el
camino
había dicho: “No me atreveré a acercarme a aquel lugar”. Pero ahora no piensa
sino
en
ver dónde está el Maestro. Lo llama, como si pudiera estar escondido en algún
oscuro
rincón.
La
oscuridad, a estas horas de la mañana, es densa dentro del sepulcro, que sólo
se
ilumina
por la abertura de la puerta en la que se dibujan las sombras de Juan y
Magdalena...
Pedro
se esfuerza en ver y hasta con las manos se ayuda... Tembloroso toca la mesa de
la
unción
y la siente vacía...
“Juan,
¡no está! ¡No está!... ¡Oh, ven también tú! Tanto he llorado que apenas si
puedo ver
algo
con esta raquítica luz”.
Juan
se levanta y entra. Mientras lo hace, Pedro descubre el sudario colocado en un
rincón,
bien
doblado y con él la Sábana enrollada cuidadosamente.
“De
veras que lo han robado. No pusieron los guardias por nosotros, sino para hacer
esto...
Y
nosotros permitimos que lo hicieran...”
“Oh,
¿dónde lo habrán puesto?”
“¡Pedro,
Pedro, ahora... todo se ha acabado!”
Los
dos discípulos salen anonadados.
“Vamos,
Magdalena. Lo diremos a su Madre...”
“Yo
no me voy. Me quedo aquí... Podrá venir alguien... No me voy...Aquí hay todavía
algo
de
Él. Su Madre tenía razón... Respirar el aire donde estuvo Él es el único
consuelo que nos
queda”.
“El
único consuelo... Ahora tú misma lo ves que era una tontería esperar...” dice
Pedro.
Magdalena
no objeta nada. Se abate hasta el suelo, junto a la puerta y llora mientras los
otros
despacio se van.
Levanta
su cabeza, mira adentro, y entre lágrimas ve a dos ángeles sentados a la cabeza
y
a
los pies de la mesa donde se hizo el embalsamamiento. Está tan atontada la
pobre María,
con
la lucha que traba entre la esperanza que muere y la fe que no quiere morir,
que los mira
aturdida,
sin sorprenderse de ello siquiera. Esta heroína no tiene otra cosa que
lágrimas.
“¿Por
qué estás llorando, mujer? Le pregunta uno de los luminosos seres, bellísimos
jovencillos.
“Porque
se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.
María
no tiene miedo de hablar con ellos, ni pregunta: “¿Quiénes sois?” Nada. Nada
les
espanta.
Todo cuanto pueda sorprender a un hombre, lo ha ya experimentado. Ahora no es
sino
algo destruido que llora sin fuerzas, sin importarle nada.
El
jovencillo angelical mira a su compañero, le sonríe. El otro hace lo mismo. Con
una
alegría
angelical ambos miran hacia afuera, hacia el huerto florido con los miles de
corolas que
se han abierto a los primeros rayos del sol en los manzanos que hay allí. María se vuelve para ver lo que miran. Y ve a un Hombre, hermosísimo que no comprendo cómo no puedo haberlo reconocido.
Un Hombre que la mira con piedad y le pregunta: “Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?”
Es verdad que Jesús llevado de su compasión para con Magdalena a quien las demasiadas emociones han debilitado y que podría morir de una alegría imprevista no se muestra claramente, pero me pregunto cómo pudo no haberlo reconocido.
Entre sollozos, Magdalena dice: “¡Me han quitado al Señor Jesús! Había venido para embalsamarlo con la esperanza de que resucitase... Todo mi valor, todas mis esperanzas, toda mi fe giraban en torno a mi amor por Él... pero ahora no lo encuentro más... He puesto
146
aún
mi amor alrededor de mi fe, de la esperanza, del valor para defenderlos de los
hombres...
pero
¡todo es inútil! Los hombres han robado a mi Amor y con ello todo se han
llevado... ¡Oh
Señor mío, si tú te lo llevaste, dime, dónde lo pusiste! Yo lo tomaré... No lo diré a nadie... Será un secreto entre yo y tú. Mira: soy la hija de Teófilo, la hermana de Lázaro pero estoy a tus pies para suplicártelo como una esclava. ¿Quieres que te compre su cuerpo? Lo haré.
¿Cuánto quieres? Soy rica. Puedo darte mucho oro y muchas piedras preciosas por lo que pesa. Pero devuélvemelo. No te denunciaré. ¿Quieres azotarme? Hazlo. Hasta que me saques sangre si así te parece. Si lo odias a Él, desquítate conmigo. Pero devuélvemelo. ¡Oh,no me desoigas, Señor mío! ¡Ten compasión de una pobre mujer!... ¿No quieres hacerlo por mí? Entonces hazlo por su Madre. ¡Dime, dime, dónde está mi Señor Jesús! Soy fuerte. Lo tomaré entre mis brazos y lo cargaré como a un niño. Señor... señor... lo ves... hace tres días que la ira de Dios nos ha castigado por lo que se hizo a su Hijo... No agregues profanación al delito...”
“¡María!”
Jesús centellea al llamarla por su nombre. Se revela en su triunfante fulgor.
“¡Raboni!” El grito de María es el “gran grito” que cierra el ciclo de la muerte. Con el primero las tinieblas del odio envolvieron a la Víctima en sus vendas fúnebres, con el segundo las luces del amor aumentaron su brillo.
María al son de su grito que llena el huerto se levanta, se echa a los pies de Jesús. Quiere besarlos.
Jesús tocándola apenas con la punta de sus dedos sobre la frente la separa diciéndole: ¡No me toques! Aún no he subido a mi Padre con este vestido. Ve donde están mis hermanos y amigos y diles que subo a mi Padre y vuestro, a mi Dios y vuestro. Y luego iré a donde están
ellos”. Jesús desaparece envuelto en una luz que no puede verse. Magdalena besa el suelo donde estuvo y corre a casa. Entra como un cohete porque la puerta estaba semicerrada para que por ella pase el dueño, que ha salido para ir a la fuente.
Abre
la puerta de la habitación de María, se le echa sobre el pecho, gritando: “¡Ha
resucitado!
¡Ha
resucitado!” y bienaventurada llora.
Mientras acuden Pedro y Juan y del cenáculo salen espantadas Salomé y Susana, que escuchan lo sucedido, llegan de la calle María de Alfeo, Marta y Juana que con el aliento entrecortado dicen que “estuvieron allí, que vieron dos ángeles, que decían ser los custodios del Hombre-Dios, y el ángel de su Dolor, y que habían recibido la orden de decir a los discípulos que había resucitado”.
Y como Pedro mueve la cabeza, insisten diciendo: “Sí. Han dicho: “¿Porqué buscáis al Viviente entre los muertos? Él no está aquí. Ha resucitado como lo predijo cuando estaba en Galilea. ¿No os acordáis de ello? Dijo: ‘El Hijo del hombre debe se entregado en las manos de los pecadores y será crucificado. Pero resucitará al tercer día’” ”.Pedro sacude la cabeza diciendo: “¡Muchas cosas han sucedido en estos días! Os habéis quedado asustadas”.
Magdalena
levanta la cabeza del regazo de María y confiesa: “¡Lo he visto! Le he hablado.
Me ha dicho que sube al Padre y que luego vendrá. ¡Qué bello es!” y llora como nunca lo había hecho, ahora que no tiene por qué atormentarse a sí misma al luchar contra las dudas que le asechaban de todas partes.
Pedro
y Juan dudan. Se miran. Su mirada dice: “¡Imaginaciones de mujeres!”
Ahora Susana y Salomé se atreven a hablar. Pero la inevitable diversidad de detalles: de los guardias que antes estaban como muertos y después, no; de los ángeles que son uno y dos, que los apóstoles no vieron; de que Jesús viene aquí y de que se adelanta a ellos en
Galilea, hace que la duda crezca más en los apóstoles y que se persuadan que son “imaginaciones de mujeres”.
María, la feliz madre, guarda silencio sosteniendo a Magdalena... No comprendo la razón de este silencio maternal.
María
de Alfeo dice a Salomé: “Vayamos nosotras dos. Veamos si todas estaban
ebrias...”
Y
salen corriendo.
147
Las otras se quedan. Los dos apóstoles tranquilamente se burlan de ellas, cerca de María que no dice nada, absorta en un pensamiento que a su modo interpretan y que nadie comprende que sea un éxtasis.
Vuelven las dos mujeres entradas en años: “¡Es verdad! ¡Es verdad! Lo hemos visto. Nos ha dicho, cerca del huerto de Bernabé: “La paz sea con vosotras. No tengáis miedo. Id a decir a mis hermanos que he resucitado y que vayan dentro de pocos días a Galilea. Allí estaremos
todavía
un poco juntos”. Así ha dicho. Magdalena tiene razón. Hay qué decirlo a los que
están
en Galilea, a José, a Nicodemo, a los discípulos de mayor confianza, a los pastores. Id. Haced algo... ¡Oh, ha resucitado!” todas llenas de felicidad lloran.
“¡Estáis locas! ¡El dolor os ha trastornado la cabeza! Habéis creído que la luz fuera un ángel, que el viento fuese voz, que el sol fuese Jesús. No os critico. Os comprendo, pero no puedo creer sino en lo que yo he visto: el Sepulcro abierto y vacío y los guardias que huyeron después de haber sido robado el cadáver”.
“¡Pero si los guardias mismos lo están diciendo que ha resucitado! ¡Si la ciudad está alborotada y los jefes de los sacerdotes están que se mueren de rabia porque los guardias,aterrorizados, han hablado! Ahora quieren que digan de modo diverso y para esto les han pagado. Pero ya se sabe. Si los judíos no creen en la resurrección, si no quieren creer, muchos otros creerán...”
“¡Uhm,
mujeres!...” Pedro levanta sus hombros y hace como que se va.
Entonces la Virgen, que continúa teniendo sobre su pecho a Magdalena que llora como un sauce bajo una llovizna por su inmensa alegría y a quien besa sobre sus rubios cabellos, levanta la mirada transfigurada y dice las siguientes breves palabras: “Realmente ha resucitado. Lo he tenido entre mis brazos. Lo he besado en sus llagas”. Y luego se inclina sobre los cabellos de Magdalena y agrega: “Sí, la alegría es más fuerte que el dolor, pero no es más que un grano de arena de lo que será tu océano de júbilo eterno. Bienaventurada tú que sobre la razón has hecho que hablase el espíritu”.
Pedro no se atreve a protestar... y con uno de sus arranques antiguos que salen a la superficie, grita, como si de él y no de otros dependiese el retardo: “Entonces, si es así, hay qué hacerlo saber a los demás. A los que andan por los campos... buscar... hacer algo. ¡Ea!,
levantaos. Si viniese... que por lo menos nos encuentre” y no se da cuenta que confiesa que no cree aún ciegamente en la resurrección.
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