“Dulce Jesús mío, unido estrechamente a ti, quiero darte el
testimonio de mi amor, de mi agradecimiento y de todo lo que la
criatura está en deber de hacer para contigo por haber Tú
creado a nuestra Reina y Madre Inmaculada, la más bella, la
más santa, y un portento de la Gracia, por haberla enriquecido
con todos los dones y también por haberla hecho Madre
nuestra.
Esto lo hago a nombre de todas las criaturas: pasadas,
presentes y futuras; quiero tomar cada acto de criatura, cada
palabra, cada pensamiento, cada latido y cada paso, y en cada
uno de ellos decirte que te amo, te doy gracias, te bendigo, te
adoro por todo lo que has obrado en tu Madre Celestial y
Madre nuestra.” Amén. Volumen 12, Diciembre 18, 1920
No hay comentarios.:
Publicar un comentario